• Home »
  • Destacados »
  • Cero a la Derecha: «Las palabras son una valiosa herramienta de cambio social»
Cero a la Derecha: «Las palabras son una valiosa herramienta de cambio social»

Cero a la Derecha: «Las palabras son una valiosa herramienta de cambio social»

La muestra itinerante ¿Qué tenías puesto? cuestiona prejuicios sobre los delitos sexuales; «queremos desmitificar todo»; «en una violación pasa poco de lo que vulgarmente creemos».

por Lucio Casarini

«Fue esto: / desde arriba / una remera blanca / de algodón / manga corta / y cuello redondo // metida dentro / de una pollera de jean / (también de algodón) / hasta justo arriba de las rodillas / con un cinturón //

debajo de todo esto / un corpiño blanco de algodón / y bombacha blanca / (aunque probablemente no era un conjunto) //

en mis pies / zapatillas blancas / de las que se usan para jugar al tenis / y finalmente / aros plateados y brillo labial / esto es lo que tenía puesto / ese día / esa noche / ese 4 de julio / de 1987.»

Así comienza el poema ¿Qué tenías puesto? escrito por Mary Simmerling, médica estadounidense, e inspirador de la exposición homónima inaugurada en la Universidad de Kansas en 2014, luego llevada a Europa y ahora disponible en la Ciudad de Buenos Aires. El proyecto consiste en mostrar ropa de mujeres víctima de agresiones sexuales junto a su testimonio redactado en primera persona. En cada sitio se usan historias locales. Las piezas de indumentaria exibidas son distintas de las originales.

«Tiene que ver con la palabra, con hablar con la gente», dice Marcela Baigros, fundadora y directora de Cero a la Derecha, asociación civil que importó la idea; «es impresionante cómo surgieron los distintos testimonios; cuando contábamos el nombre, qué tenías puesto, nos respondían la pregunta; no estábamos haciendo una entrevista; no habíamos convocado gente para eso; pero al decir el título la gente respondía; eso fue impresionante; en los lugares más inesperados sucedió».

La versión argentina de la iniciativa debutó en el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex Esma), en marzo y abril. Actualmente, puede verse en la Universidad Nacional de Avellaneda, en ese partido bonaerense, sede Piñeyro.
«Es una muestra itinerante, se va con la valijita y se cuelga», comenta Baigros; «se descuelga de acá y se puede llevar a otro lado; la ofrecemos en distintos lugares: universidades, escuelas, inclusive empresas; la idea es que se pueda mover y mostrar».

«Está la imagen de la mujer con una burka», dice Adriana Schottlender, gestora cultural que conectó Cero a la Derecha y la UNDAV. Se refiere a una viñeta incluida en la exposición. La burka es el velo de cuerpo entero usual en algunos países islámicos que impide ver incluso los ojos de quien lo viste. «No te podés dar cuenta de si es linda, si es fea, si es joven, si es vieja, si es flaca, si es gorda, no te podés dar cuenta de nada; lo que dice es: no es necesario usar minifalda, nosotras también somos violadas», explica reproduciendo el texto que acompaña el dibujo; «me parece súper emblemático».

«Tenía un camisón rosa con dibujitos infantiles verdes», dice uno de los casos que pueden verse en la UNDAV, firmado por Mirta; junto al escrito pegado a la pared cuelga de una percha de alambre la prenda descripta. «Una noche mi tío se metió en mi cama cuando yo tenía puesto el camisón que me había confeccionado mi tía. Yo tenia 11 años.»

«Tenía unas bermudas azules que llegaban a las rodillas», dice otra de las narraciones, de Marita. «Eran de algodón, tipo gabardina. Tenía una remera amarilla que caía por fuera con faldón largo y unas alpargatas blancas». Al lado del texto penden las piezas de ropa correspondientes. «Salí de misa un domingo a la noche y cuando volvía para casa me agarró por un sendero al lado de la vía del tren e intentó estrangularme. En ese momento yo tenía 29 años».

«Tenía puesto un vestido blanco de lycra cortito con breteles y flecos en el escote», dice otro relato, de Luciana; el modelo mostrado es exquisito. «Yo tenía 15 años y él 23. Me encantaba. Él jugaba al rugby y yo era virgen. Estábamos en su casa despues de una fiesta y se enojó porque yo protesté; primero dije que sí y después dije que no ¡Mirá lo que tuve que hacer, tuve que ponerte esa almohada en la cara para que no grites! Sentí culpa».

«A veces ni aun así»

«Esta pregunta, qué tenías puesto, todas en algún momento la escuchamos», dice Valeria Leiva, integrante de la entidad civil Conceptos Sencillos y directora del Hogar Mariposa, ambos dedicados a la infancia vulnerable; colabora con Cero a la Derecha. «Como sobreviviente de abuso sexual en mi infancia y como trabajadora de la infancia, me desempeño en territorio con niños y adolescentes víctima de este horror; infancia viene del latín, que significa sin voz; poder devolverles esa voz, con una mirada menos adultocentrista, me parece fundamental».

«En una violación sexual pasa poco de lo que vulgarmente creemos», dice Inés Hercovich, psicóloga social que ayudó a rastrear los casos. «Son muy pocas las ocasiones en las que un desconocido de clase baja, mal trazado, sale de las sombras en un callejón sombrío a medianoche y ataca a una mujer joven, atractiva, de falda corta y ajustada; tampoco existen violaciones en las que la mujer atacada ofrece la resistencia heróica que hasta hace un tiempo le demandaba el Código Penal Argentino para creerle: y a veces ni aún así».

«Un personaje de mi infancia se llamaba el otro yo del doctor Merengue», recuerda sobre una conocida tira humorística de la prensa; «era como un fantasma que salía de atrás y miraba la escena y le susurraba en la oreja las cosas que pasaban; yo creo que nosotras tenemos que tener un otro yo de las doctoras Merengues que nos ponga en alerta, nos haga sentir incómodas».

«Queremos desmitificar todo, no importa el cuerpo, la edad, el lugar, la hora», dice Marcela Baigros; «si ustedes leen cada uno de los testimonios van a ver que hay gente que estaba parada en la calle y la subieron a un auto; hay dos personas que estaban durmiendo en su casa y se despiertan con gente adentro, desconocidos; otra que es una mujer que estuvo casada con su violador; existe una enorme diversidad; no se puede hacer el perfil de la víctima: débil, que provoca, que sale a la calle».

«Tenia puesta una camisa leñadora verde de mi hermano, una pollera verde acampanada hasta el muslo, unas medias can-can negras y botas marrones de montar, de mi hermano también», dice otro de los testimonios mostrados en la UNDAV, firmado por Laura; junto al texto pende de una percha de alambre una prenda similar a la mencionada. «En el cuello, un collar de cuentas de madera decoradas con plasticola de colores; estaba en una etapa hippie de hacer manualidades, yo tenia 16 años. Era 1975 y me levantaron en un falcon verde. Cuando les dije que no me estaban llevando a la comisaría, me respondieron: aca estamos nosotros, alla hay ocho más».

«Tenía puesto el guardapolvo, lista para ir a trabajar», dice la declaración de Karina, acompañada por un modelo colgante, blanquísimo. «Nunca de todas las veces que mi marido me violó yo estaba vestida sexy. Él encontraba algo para comenzar una discusión, como por ejemplo un día me dijo: te ponés ese guardapolvo para seducir a todos los hombres. Me lo desgarró mientras lo tenía puesto y terminó la pelea con una relación sexual no consentida a modo de castigo».

«Estaba durmiendo y me despiertan unos ruidos dentro de la casa», recuerda el testimonio de Viki. «Abro la puerta de mi habitación en bombacha y ahí estaba él, un total desconocido, en mi living, esperando para violarme». Al lado del relato escrito se ve esa pieza de ropa interior blanca y sobre ella una remera azul adornada con flores. «Le pedí si me podía poner una remera porque sentía mucha vergüenza y me dijo que sí. Al final, no sé para qué me la sacó».

El cuaderno de visitas de Cero a la Derecha en la UNDAV, puesto a disposición del público, contiene cientos de mensajes en birome: «Gracias por el espacio para visibilizar el dolor; no tengo más palabras que gracias», dice Mirta. «Muy fuerte, real», sintetiza Fabián. «Aunque venía preparada, esto es un fuerte sacudón», confiesa Beatriz.

«¡Felicitaciones!; muy buena idea mostrar la ropa que llevaban puesta», elogia Florencia. «Emoción, asombro, tristeza, bronca, pero sobre todo ganas y garra!, dice Celina; «felicitaciones por la creativa manera de decir algo tan horroroso».

«Sirve en el terreno artístico»

«Trabajamos para responder de forma creativa a las diferentes problemáticas sociales, haciendo foco en la comunicación desde el enfoque de Derechos Humanos», plantea la misión de Cero a la Derecha, fundada en 2013. «Buscamos descubrir e interpretar la realidad», establece la visión institucional, «diseñando proyectos que propongan una comunicación adecuada y libre de discriminación y estigmatización».

Entre las iniciativas adicionales de la organización se destacan: DelSectorSocial.org, glosario que analiza y corrige expresiones discriminatorias; Humanizando Etiquetas, programa que promueve el diálogo para superar prejuicios; la Biblioteca Humana, iniciativa en la que representantes de grupos vulnerados ofrecen relatos verbales en primera persona; Certificación de Lenguaje Conciente, documento que confirma el contenido adecuado de distintas publicaciones.

«Soy una detallista de las palabras», dice Marcela Baigros; «quizás por mi especialización en comunicación y por mi trabajo en el sector social, soy muy consciente del poder de la palabra; reconozco las palabras como una valiosa herramienta de cambio social, por eso desde todos mis trabajos busco incentivar el uso adecuado de las palabras y expresiones».

«Podemos salir a la calle, encontrarnos con un loco en la puerta que te pone una navaja acá y sufrimos cualquiera de las violaciones que están ahí en exposición», dice Mónica Salvador, abogada, actriz y dramaturga especializada en niñez y adolescencia, sobre la exposición en la UNDAV, «tengamos lo que tengamos puesto, tengamos la edad que tengamos».

«Está el perverso que va a sentir que es provocado», continúa; «que se paseó con un pijama, con lo que sea; como vimos, la ropa no importa; así se gestan el abuso y la violencia».

«No comparto para nada la patologización de la violencia; llamar perverso o loco a alguien que violenta es patologizar la violencia», responde Victoria Primante, psicóloga especializada en violencia de género de la UNDAV. «Es importante despatologizar la violencia, no necesariamente hay que ser perverso para violentar a otra persona».
«Cuando contamos que íbamos a exponer la muestra», agrega sobre el espacio elegido dentro de la universidad, «una compañera nos contó que ella testimonió y nos pidió que no se haga ahí [localización luego descartada], nos dijo simplemente: no me parece agradable que esté expuesto mi dolor en el espacio por el que transito todos los días como lugar de trabajo; son recaudos que hay que contemplar, es un tema delicado».

«Paradójicamente, la iniciativa no es artística pero trae una metáfora que sirve en el terreno artístico», dice Hugo Aramburu, especialista en arte de la UNDAV. «Trae cuestiones que llaman la atención, que tienen que ver con lo curatorial, que de pronto si tuviésemos más vestimenta…».

«El concepto de transformar una habitación en un ropero o un roperito…», destaca; «hay algo que pasa dentro de la vida de alguien o se está imponiendo a una determinada comunidad; eso como principio curatorial, convertir una habitación en otra cosa…».

«Quizás te preguntas / por qué importa», continúa el poema de Mary Simmerling…

«o cómo es que recuerdo / cada ítem / con tanto detalle //

pasa que / me han hecho esta pregunta / tantas veces / me lo han recordado / tantas veces / esta pregunta / esta respuesta / estos detalles //

pero mi respuesta / tan esperada / tan anticipada / parece simple, de alguna manera / dado el resto de los detalles / de esa noche / cuando / en algún momento / me violaron

// y yo me pregunto / qué respuesta / qué detalles / les darían consuelo / les podría dar consuelo / a ustedes / mis interrogadores // buscando consuelo / donde / ¡ay! / no hay consuelo / para encontrar //

si tan solo fuera tan simple / si tan solo pudiéramos / acabar las violaciones / simplemente cambiando la ropa //

también recuerdo / qué tenía él puesto / esa noche / a pesar de que / es verdad / nunca nadie / me preguntó».

Compartir