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Claudia Véliz: «Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer»

Claudia Véliz: «Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer»

«Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer».

La frase pertenece a Claudia Véliz.

«¿Seré yo la próxima?», se aterra esta madre catamaqueña tras las muertes sucesivas y brutales de Diego Pachao, su hijo, Alejandro Pachao, papá de este, y Leonel González, testigo clave.

por Lucio Casarini

Una historia de lucha por la justicia

La plaza 25 de Agosto queda a una cuadra de la terminal de ómnibus de la ciudad de Catamarca. Sus numerosas palmeras y la fuente artificial ubicada en el centro le otorgan cierta elegancia. Enfrente está la Municipalidad, un edificio blanco de arquitectura neoclásica que alguna vez fue la estación ferroviaria central de la provincia.

«Disculpe ¿podría ayudarme con algo?», se acerca una mujer indigente que pasa y Claudia Liliana Véliz, sentada en uno de los bancos de cemento cercanos a la fuente, abre una de sus bolsas de vendedora ambulante, saca una porción de torta casera y la apoya en una servilleta de papel. «Tome señora», le dice con delicadeza. La otra agarra el obsequio, le devuelve una sonrisa triste y sigue su camino.

Claudia Véliz tiene 51 años, es pequeña de estatura y acaba de llegar caminando después de atar la bicicleta en los alrededores. Mientras habla, sus grandes ojos castaños se llenan de lágrimas con frecuencia y evidencian la tempestad interior: angustia y bronca, amor y convicción.

Su hijo sonríe estampado en la remera blanca que lleva puesta. «Diego Iván presente», se lee en letras negras: «Diego Iván Pachao murió con 20 años en 2012 tras ser torturado en una comisaría». Telmo Alejandro Pachao, papá de este y denunciante inclaudicable, perdió la vida de forma extraña con 52 años en 2017. Policías dijeron haberlo visto chocar solo contra un árbol mientras circulaba en moto.

Mario Leonel González, testigo clave del drama de Diego, apareció ahorcado con 27 años hace algunos meses en un espacio público.

Una lucha con la ayuda de Dios

«Mi único consuelo es que Dios me dé la fuerza para seguir y que algún día me voy a encontrar con mi ángel [Diego], por eso hago lo mejor que puedo. Dios me va a permitir que me reencuentre con el cuando El decida; ese va a ser el día más feliz para mí, el encuentro más hermoso que voy a tener.»

«A veces me dicen: usted es muy fuerte. Yo contesto: la fuerza que tengo viene de Dios. Soy muy creyente, Dios me levanta día a día, mi ángel sin duda que me da un empujoncito también. Le doy gracias a Dios porque puedo andar a pesar de todo, puedo seguir, aunque sea con la poca fuerza que me queda, día a día hay que armarse.»

Claudia Veliz: "Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer"

Alejandro y Claudia, papás de Diego Pachao, con otras hijas y dos nietas, reclamando justicia.

«Tengo ocho hijos, además de Diego, y catorce nietos. Vivo en el barrio Eva Perón de la zona norte de la ciudad de Catamarca.»

«Para moverme ando en mi bici o en el colectivo urbano, que requiere paciencia, a veces la espera en la parada del colectivo es eterna. Trabajo como empleada en casas de familia desde siempre; además soy vendedora ambulante y cuido a mis nietos. También tengo mis actividades en la Iglesia.»

«El papá de mis hijos era empleado público y trabajaba de sereno los fines de semana. Diego estaba en la construcción, era albañil; además cronometreaba el rally. Se quería ir al sur con su hermano Pablo, estaba juntando dinero para eso, Pablo estaba en Caleta Olivia.»

«Crié a mis hijos con sacrificio, les di lo que pude; todos estudiaron; a determinada edad, en la adolescencia, los varones salieron a trabajar con el papá; yo quería que estudiaran, pero el papá tenía esa idea, esa cultura.»

Crónica de una muerte anunciada

«Mi Diego fue asesinado por policías de Catamarca: Comisaría 7, barrio Parque América; fue golpeado reiteradamente el 11 de marzo de 2012 y agonizó hasta el día 14. La última vez que lo vi consciente fue el sábado 10 a la medianoche; me dijo: ya vuelvo, má; se iba a la casa de su amigo Leonel González, que queda a la vuelta.»

«Mi Diego fue detenido a las 9 o 10 de la mañana del día 11 por los policías Darío Barrera y Gustavo Eduardo Bulacio. Estaban pateando a su amigo Leonel, caído en el piso, en las inmediaciones del Circuito de la Vida, sobre avenida Los Legisladores. Hicieron tiros al aire. Diego con las manitos en alto les dijo que no le pegaran a su amigo porque iba a avisar a la familia. Todo contado por los vecinos.»

«Mi Diego entró a la comisaría esa mañana caminando y lo sacaron a la medianoche en coma y en camilla: sin remera, ensangrentado, convulsionando, con más de 40 grados de fiebre. Tenía sangre pegada en la naricita y en el pecho; temblaba, tiritaba. Papá, papá, le dije; obviamente, tenía los ojos cerrados.»

La política irrespetuosa

«Lucía Corpacci, con todo lo que nos hizo pasar, no merece respeto. Fue a verme al hospital mientras mi Diego agonizaba, incluso revisó a mi hijo en ese momento. Ese mismo dia asumía como gobernadora y justo es médica traumatóloga. Se sentó conmigo a conversar; me tomó las manos; me dijo que había visto la noticia de lo que había pasado, que lo sentía mucho, que quería saber la verdad por mi boca.»

«Quédese tranquila», le dijo Lucía Corpacci, gobernadora, a Claudia Véliz en el hospital mientras Diego agonizaba.

«Le dije que mi hijo había estado en la comisaría, que lo habían golpeado y había ido a parar al hospital. Le expliqué detalladamente. Me dijo: quédese tranquila. Yo obviamente estaba reahogada. Le dije: lo único que le pido es que los policías que hicieron lo que le hicieron a mi hijo paguen con el resto de la vida tras las rejas. Me dijo: quédese tranquila porque así será, señora.»

***

«Pedí estar presente en la autopsia de mi Diego, pero me lo negaron. El informe incluye dos hematomas, uno en la parte subdural del hemisferio izquierdo y otro en el tronco encefálico, este de tipo traumático. El segundo hematoma fue letal, ese tronco es lo que oxigena todo el cerebro.»

«Pude ver a mi hijo recién en la morgue; no respetaron nada; son tantos dolores juntos, tantas angustias. Pedí cambiarlo yo, lo vi con la cabecita abierta a mi ángel.»

Asesinos impunes

«Varios miembros de la Comisaría 7 estuvieron detenidos cuatro días. Luego volvieron a trabajar como si nada. Ninguno pasó a disponibilidad. Los policías fueron acusados de vejaciones e incumplimiento de sus deberes de funcionario público, lo que significa que quedan como inocentes del crimen, cuando en realidad son culpables de tortura seguida de muerte.»

«Para explicar el fallecimiento de mi hijo dijeron que cuando lo detuvieron ya estaba golpeado, que había estado en una pelea callejera y que los asesinos son dos chicos, Darío y Lucas Leiva. En la causa, como consecuencia, los Leiva están imputados por homicidio preterintencional. Son los perejiles del caso.»

«Esta es la lista de los policías responsables de la muerte de mi hijo, de los cuales la mayoría goza de sobreseimiento: Rafael Dionisio Méndez, comisario; Ramón Ariel Quevedo, subcomisario; Gustavo Eduardo Bulacio, suboficial; y varios agentes: Pedro Hilario Moya, Ricardo Darío Barrera, María del Carmen Guadalupe Acevedo, Jorge Duilio Montivero, Jose Daniel Sotomayor, Claudio Yani Nieva.»
«Se suma Duilio Gallo Canciani, médico de policía. Otros dos efectivos, Fabián Vizcarra y Nelson Bayón, nunca fueron imputados, aunque para nosotros también participaron.»

La lucha de un padre

«Telmo Alejandro, el papá de mi Diego, se la jugó realmente para resolver el caso de nuestro hijo. Era quien llevaba la lucha, el solo se puso al hombro la investigación. Se rebuscó de una u otra forma para preguntar, sacar fotos, filmar. En las manifestaciones decía abiertamente todo lo que hacían los policías, el Estado en general, los fiscales.»

«Tenía una voz potente; se instalaba en la plaza con un libro para juntar firmas, con banderas y un megáfono; elegía fechas especiales, como fiestas religiosas, por la concurrencia de gente.»

«Lucía Corpacci, la gobernadora, en una oportunidad se cruzó a la plaza en una fiesta de la Virgen para burlarse del papá de mi hijo. Le dijo: qué hace usted aquí, qué pretende, adónde quiere llegar. Yo fui un poco más tarde, le dije a él que se tranquilizara, estaba ahogado.»

«El fiscal Miguel Maubecin dijo que el papá de mi hijo lo tenía cansado, que lo hostigaba constantemente. Decir la verdad es un hostigamiento para ellos.»

Una historia sangrienta

«Alejandro Pachao fue encontrado sin vida, con la cabeza rota, la madrugada del 8 de octubre de 2017 en la intersección de las avenidas Italia y Alem. Dos policías dijeron haberlo visto chocar solo contra un árbol mientras circulaba en moto y morir instantáneamente.»

«Estos policías iban motorizados y según testigos venían persiguiendo al papá de mi hijo, que iba en su Zanella 150, color gris y negro, rumbo a su casa, después de jugar un partido de fútbol y tomar algo con sus compañeros.»

«Esta nueva tragedia fue un golpe terrible para toda la familia. Primero perdimos a un hijo y ahora al papá. Cuando logré recuperarme fui a ver al fiscal Luis Alberto Baracat. Me tuvo a las vueltas; que no encontraba el expediente, que esto, que lo otro. Quedó como un accidente dudoso: por causas que se ignoran, el papá de mi hijo perdió el control de la moto, chocó y murió.»

«Nadie habla; ni los amigos, ni los vecinos, ni los compañeros de fútbol; están de acuerdo para no decir nada; tienen miedo.»

Lo difícil del perdón

«Mario Leonel González apareció ahorcado el 14 de abril de 2019 en el Jumeal, un dique de Catamarca. En las noticias dijeron que apareció colgado de un árbol y sumergido en el agua.»

«Nadie sabe realmente qué pasó, quedó la incertidumbre, el misterio. El caso está en la nada. Cuando me enteré, lo primero que pensé fue: alguien le hizo algo; un suicidio no me pareció algo natural, no creí que hubiera sido por voluntad propia. Justo el testigo más importante de la muerte de mi Diego, muerto de forma tan rara.»

***

«Dios te pide perdonar, pero hay cosas que no puedo perdonar. El dolor que yo llevo, el dolor de haber visto a mi ángel así, en ese estado, cuando tenía toda la vida por delante.»

«Diego era un chico sano, muy humilde, muy cariñoso, para el yo era su mamita, sus sobrinitos eran un pedacito de cielo para el, llegaba cansado del trabajo y les abría los brazos a sus sobrinitos. Era un chico súper cariñoso, súper solidario. El hijo que me arrancaron no se devuelve con nada.»

«Sinceramente, hoy por hoy no puedo perdonar. Si esto hubiese llegado a juicio y hubiese terminado, yo a mi Diego lo podría recordar de otra manera. Ellos no me permiten terminar con esto, le pido perdón a Dios porque no puedo perdonar, alguna vez tal vez.»

Dolor interminable

«¿Seré yo la próxima? Siento temor por la persecución policial o estatal, también por mi salud. No sé qué va a pasar, no sé sinceramente que va a suceder con nuestra familia.»

«El dolor de la muerte de los seres queridos se intensifica con la injusticia. Los tres poderes trabajan en conjunto y les molesta que se diga la verdad, como si hacerlo fuera un pecado. Encima tienen el privilegio de ir ascendiendo, aunque son delincuentes y encubridores de delincuentes.»
«Los medios de comunicación callan y mienten para resguardar el Estado, porque obviamente ellos dependen de un sistema corrupto.»

«Cada vez que uno vuelve a recordar estas cosas es duro, pero es necesario para difundir la verdad. Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer.»

«Como hacía el papá de mi hijo, yo también les digo la verdad, les canto las cosas y no les tengo miedo; temo por mis hijos y por mis nietos, pero por mí no me voy a callar; antes tal vez medía las palabras, ahora tengo tanta bronca que me sale lo que me sale.»

«En Catamarca la gente tiene miedo de hablar, pero es necesario hacerlo. Es importante que la sociedad nos acompañe, esto le puede suceder a cualquiera y la indiferencia produce más dolor.»

Con la ayuda de Dios

«Le pido a Dios que termine esto porque yo no puedo más. Tal vez parta de este mundo, me están agarrando problemas del corazón. Es una suma de cosas, primero lo de mi Diego, después hicieron que se fuera el papá de mi hijo sin ver justicia. Después lo demás.»

«En cada reclamo de justicia rezo para que Dios ponga en mi mente, en mi boca, en mi ser, las palabras justas y necesarias. Rezo pidiendo que esto pronto termine, a veces me ahogo de tanta angustia».

«Siempre hablo con Diosito, sé que el me escucha mucho, es lo más grande que tengo. Siempre voy a descansar a la casa de Dios, a hablar con el, es el único que me entiende, el único que me abraza fuerte con todo el amor del mundo, el único que me ama incondicionalmente.»

La lucha en la Justicia

«La causa de mi Diego está en la Corte de Justicia de Catamarca; los tiempos están venciendo, va a prescribir. Es un expediente grandísimo, de más de cinco mil fojas, muy manoseado.»

«La secretaria de la Corte me dijo: usted tendría que sentirse dichosa, esto va demasiado rápido, hay causas que tardan. Como si la tragedia hubiera sido ayer; creen que están haciendo algo grandioso, cuando es su trabajo; esto ya tendría que haber ido a juicio, ya tendría que haber terminado.»
«De todas maneras, en las condiciones actuales si hubiera una condena caería sobre los perejiles».

Claudia Veliz: "Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer"

Los nueve hijos de Claudia Véliz en la infancia. Diego ríe abrazado a dos de sus hermanas.

«Los asesinos son los policías, pero hay complicidad del hospital y de todas las personas que estuvieron en contacto con mi hijo. Está todo enredado, cuando un organismo estatal es responsable de un crimen, procuran taparlo de todas las maneras posibles.»

«No hubo motivo para arrestar a mi hijo, en los libros de guardia de la comisaría consta que fue por averiguación de medios de vida, una frase que en la terminología penal no existe».

Claudia Véliz: «Hablar es un riesgo, pero callar es lo peor que podemos hacer».

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