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Darío Pompilio: «Las oportunidades de las personas son infinitamente dispares»

Darío Pompilio: «Las oportunidades de las personas son infinitamente dispares»

Es director ejecutivo de Mensajeros de la Paz Argentina. «Nuestro testimonio se puede llevar incluso a contextos de enorme violencia; bienvenidos los jóvenes que nos desordenan y desestructuran».

por Lucio Casarini

«A usted que le gusta leer, lea cosas importantes», le dijo su papá, uruguayo y extupamaro, y puso en sus manos El Capital de Karl Marx.

Entonces era un niño de 11 años. Hoy tiene 50.

Es director ejecutivo de Mensajeros de la Paz Argentina, donde colabora desde 2002, cuando la entidad humanitaria desembarcó en el país.

Está casado con Mariel, médica.

Lucas y Marcos, los hijos de ambos, de 15 años, son mellizos.

En el ámbito bonaerense es fundador de la Red de Hogares, y en el porteño es creador de Hogares en Red, y miembro del Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes.

Al principio de su búsqueda vocacional, intentó con la licenciatura en Química y desertó.

En Administración de Empresas tampoco logró perseverar.

La experiencia posterior como empleado de Acción Social de la Municipalidad de Hurlingham lo fascinó.

Entonces se metió en el posgrado en Organizaciones sin Fines de Lucro de la Universidad de San Andrés, que hizo de un tirón.

«Soy el mismo de la foto, con el pelo más largo; por las dudas; no es que vino un doble en representación», bromea Darío Pompilio mirando un retrato suyo de tiempo atrás.

Los rulos de su tupida cabellera grisácea le cubren las orejas y el cuello de la camisa color crema, que hace juego con el pantalón marrón claro.

Lleva las mangas de la camisa dobladas hasta el antebrazo.

Los ojos castaños irradian picardía y tenacidad. Es petiso y panzón, y no le importa.

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«Con el [fallecido expresidente] de Boca [Pedro Pompilio] nada que ver. Soy de Independiente. Más triste todavía, pero se vive orgullosamente [risas]. Vi a Independiente campeón muchísimas veces en el viejo estadio. De chiquito me compraron la 11 de Bertoni. Después con el tiempo fue inevitable que Bochini, único club en el que jugó, generara cosas muy importantes. Durante un tiempo fui muy asiduo concurrente, después me casé y estuve algunos años yendo poco, y volví ahora que mis niños han crecido y se han hecho casi más fanáticos que yo.»

Darío Pompilio

Darío Pompilio (de espaldas a la izquierda, con el micrófono) durante un coloquio de Mensajeros de la Paz. Lo acompañan, de izquierda a derecha, Victoria Morales Gorleri, directora nacional de Responsabilidad Social Empresaria; Victoria García Poultier, de Fundación Mapfre; y Andreas Riemann, consultor internacional de paz.

«No es el fanatismo por el fútbol en sí. Cuando uno es apasionado en una cosa lo puede ser en muchas otras. Yo me descubrí como una persona apasionada primero a través del deporte; también al practicarlo; cualquier deporte, sobre todo los grupales: fútbol, handbol, algo de voley, aunque no me daba la altura. En los últimos años de escuela primaria y al principio de la secundaria, el deporte es un momento de encuentro, de convivencia, de discusión, de amistades y enemistades, de aprender a convivir con un adversario y ver cómo me planto ante eso, con la intención de ser competitivo y ganador, pero con el desafío de saber ganar y saber perder, que forma parte de la vida.»

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«Mi papá es uruguayo, fue Tupamaro. Nació en el norte de Uruguay, frontera con Brasil, Rivera, pero criado en Montevideo. Acá vino primero tratando de ser parte de la revolución; no armada; porque nunca creyó en las armas; siempre me fomentó que la revolución no podia ser por las armas; pero sí la revolución ideológica y que había que tratar de llevarla a toda Latinoamérica.»

«Vino buscando seguridad personal por haber sido activista; obviamente su mayor compromiso había estado en Uruguay. Por más que Argentina tenía un contexto político complicado, acá era casi un desconocido y se terminó quedando definitivamente a partir del 73 o 74.»

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«Cumplí 50 años hace poco y traté de poner en práctica una idea que tenía hace bastante. Me incomoda recibir obsequios, regalos, y como sabía que muchos se iban a sentir obligados a eso, generamos un flyer [cartel virtual] para que lo único que pudieran regalarme fuera un donación para Mensajeros.»

«Hicimos distintas opciones con el cálculo de a qué equivalía cada una; un perfume, a un chico en un programa de fortalecimiento educativo durante un mes. Fue una convocatoria que gustó. Esperamos que genere un contagio, que muchas personas quieran imitar esto del obsequio solidario.»

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«Estoy casado con Mariel; hace 29 años que estamos juntos y 23 que estamos casados; es mi compañera de la vida, es todo para mí.»

«Tengo hijos mellizos, Lucas y Marcos, de 15 años; están estudiando en el colegio [Carlos] Pellegrini [de la Capital Federal]; son la luz de mis ojos para un montón de cosas.»

«Vivo en la Ciudad de Buenos Aires, desde hace 25 años en la misma casa, en el mismo departamento en el barrio de Belgrano.»

Darío Pompilio

Darío Pompilio en 2018, con otro corte de pelo.

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«Yo propicié que el arte fuera uno de los puntos estratégicos en Mensajeros. Cuando uno trabaja con situaciones de alta vulneración de derechos, muchas veces lo que hay que hacer es una recuperación de la autoestima, de sentir que yo puedo: yo no me di cuenta de que podía hacer esto y que si lo hago con el otro, en vez de un dibujo podemos hacer un mural y después va a venir gente a ver ese mural, o sea que algo que yo hice le interesa a alguien.»

«Se puede llevar un testimonio de paz incluso en un contexto atravesado por enormes situaciones de violencia.»

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«Mi viejo conoce a Pepe Mujica, por supuesto. Entre el sesenta y tantos y el setenta y pico estuvo un poco viviendo en Uruguay y otro poco viviendo acá. En el interín nací yo. Se terminó quedando acá para asentar la familia. Tengo un hermano, siete años menor que yo.»

«Me encantaba la literatura juvenil; por los 10, 11 o 12 años, leía a Julio Verne, Salgari y demás; y cuando cumplí 11 años, mi viejo (que a la única persona que tuteó en su vida fue mi mamá; siempre me decía de usted, lo sigue haciendo hoy) me dijo: a usted que le gusta leer, por qué no lee cosas importantes; y me regaló El Capital de Karl Marx. Yo no sabía ni por dónde empezar [risas], pero lo fui leyendo y hasta lo discutía. Me enfrenté con mi viejo por un montón de cuestiones.»

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«Con Mariel somos distintos y complementarios. Ella tiene un amor incondicional y una paciencia infinita para acompañarme en todo esto, como yo en su momento dejé mi carrera para acompañarla a ella a hacer el posgrado en Inglaterra un año [2001-2002]. Creo que está muy bueno vivir en comunión, sentir que juntos nos potenciamos. Eso es válido en las buenas y en las malas, en la enfermedad y en la salud; no son palabras huecas, yo me siento mucho más fuerte con su presencia.»

«Ella claramente viene de mejor posición que la mía, aunque la historia de mi familia es bastante compleja, tuvimos un abuelo multimillonario.»

«Uno supone que el que viene de una clase más acomodada económicamente es insensible y que la solidaridad es patrimonio del que menos tiene; la verdad es que no es así y al revés.»

«Está la mirada de que el que tiene poco ha hecho poco para tener. Después uno se empieza a dar cuenta de que las oportunidades de las personas son tan infinitamente dispares que bastante que alguno ha llegado donde ha podido llegar con el contexto en el que tuvo esas herramientas.»

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«El deporte y el arte son muy transformadores. Veo a mis hijos que son apasionados en el deporte; ellos juegan al jockey; están federados en el Club Ciudad. Además son apasionados por el conocimiento. Aparte se apasionan al escucharme hablar de cuestiones sociales y políticas. Ya está. En buena medida, nuestro trabajo de multiestimuladores para que sean adolescentes y mañana adultos comprometidos con una vida en sociedad, está cumplido.»

«El arte transforma, nos muestra participativos, nos muestra tal cual somos, nos permite un espacio de igualdad. Cuando alguien hace una producción artística no importa su formación académica, no importa el estrato social del que viene. Por eso tratamos tanto de llevar el arte a los proyectos con niños, adolescentes y adultos mayores, y con familias.»

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«Mis viejos, Lilia y Marcelino, se conocieron así. La familia de mi mamá tenía un comercio y mi padre, que estuvo siempre en el rubro gastronómico, iba a comprar. Era una especie de negocio polirubro. Se conocieron y nunca más se separaron hasta que falleció mi mamá, hace 12 años. Estuvieron no sé cuántas décadas juntos.»

«Mis padres eran dos mundos diferentes. Creo que eso me permitió incorporar cosas de los dos, pensamientos de los dos.»

«Mi madre, que fue ama de casa, fue de entender que más libertades generan más responsabilidades, que no puede no importarme el otro. Mi mamá venía de una familia que se había enriquecido enormemente por una herencia cuando ella tenía alrededor de 15 años. Era gente de la Sociedad Rural. Pero hubo un divorcio y la familia quedó en la miseria.»

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«Nací en la Ciudad de Buenos Aires, pero viví muchos años en el Conurbano, en Quilmes, en La Plata. Soy egresado de la Escuela de Enseñanza Media número 3 de Quilmes. Salvo dos o tres años de la primaria (mi mamá hizo un esfuerzo por mandarme a un colegio privado porque suponía que me iban a dar mejores herramientas de aprendizaje, después se dio cuenta de que no era tan así), todo en la escuela y la universidad pública.»

«Primero estudié licenciatura en Química; no me recibí. Estudié Administración de Empresas; tampoco me recibí. Pero hice un posgrado y ese si lo pude terminar. He sido un estudiante crónico porque me cuesta mantener algunos intereses académicos, me gusta mucho más nutrirme de lo que me va generando expectativa en cada momento.»

«Mi esposa hizo un trayecto más ortodoxo o de acuerdo con la planificación. Ella es médica por la UBA, pero hizo toda su primaria y secundaria en una escuela en zona noroeste bilingüe. Ella nació en la Ciudad [de Buenos Aires]. Vivió en Hurlingham mucho tiempo, cerca del barrio inglés más emblemático de ahí.»

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«No he sido muy bueno casi en ninguna disciplina artística, pero eso se contrapone con cuánto disfruto de las expresiones artísticas de aquellos que sí lo son: música, arquitectura, escultura.»

«Lo único que más o menos se me da es escribir. A veces, cuando tengo un tiempo, trato de hacerlo para mí, siento la necesidad de dejar en palabras algunas cosas que se me vienen. Pero es más un refugio personal que otra cosa, un intento de comunicación.»

«Mi vieja escribió poesía y nunca se animó a publicarla. Se ve que de alguna manera me transmitió eso de no animarse a que alguien mire la producción de uno. Me cuesta exponerme en muchos lugares, pero en el arte me cuesta un montón más.»

«En pintura me gusta Kandinsky, me gusta Dalí; pero soy ecléctico; también me gusta Quinquela Martín; me gustan los grandes del Renacimiento.»

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«Con mi esposa nos conocimos en Mar del Plata. Yo estaba con mis amigos y ella estaba con sus amigas. Coincidimos en el mismo hotel. Ella me había gustado. Hablar siempre me sale; no soy ni el más agraciado ni el más inteligente; pero sé que si hablo y hablo y hablo, por cansancio a veces uno termina obteniendo cosas, llegando a lo que pretende; fui por ese lado. Algo habrá visto en mí también para soportarme estos casi 30 años que llevamos juntos.»

«Me acuerdo que en 2012 o 2013, en un viaje que hicimos con la familia, con Mariel, Lucas y Marcos a Europa, un día les preguntamos a los chicos si querían recorrer no me acuerdo qué o querían ir a un museo, y los dos dijeron al unísono: al museo. Estábamos en Berlín, había un montón de museos. Fue un orgullo enorme ver que, de alguna manera, aunque nosotros no estamos relacionados de forma directa con el mundo de las artes, ellos habían percibido nuestra sensibilidad con eso.»

«Uno de mis niños al volver al colegio quiso presentar su experiencia artística allá. Por suerte le dieron la oportunidad de contarles a sus compañeros qué había recorrido y qué había sentido. Eso para mí es impagable.»

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«Mi viejo siempre cuenta que aprendió a leer y escribir en una unidad del Partido Comunista, porque no había ido a la escuela formal. Estamos hablando de hace 70 y tantos años. No todo el mundo en contextos semirurales, como el norte de Uruguay, accedía a la educación. Recién adolescente aprendió, se escolarizó.»

«Después te ponías a hablar de geografía o de economía política con él y le daba 25 vueltas a un doctorado, porque en su área de interés se había especializado un montón.»
«Mi papá está orgulloso de mi trabajo. Yo he terminado por otros caminos, por otro tipo de organización y de labor social, pero siempre de alguna manera tratando de llevar ese compromiso que mi viejo tiene.»

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