Pobreza femenina

Pobreza femenina

Ante un nuevo Día Internacional de la Mujer, la pobreza y la desigualdad de género demuestran que van de la mano.

Son parte de un mismo proceso social, que margina a las mujeres.

Un artículo de la economista Guadalupe Bravo en La Izquierda Diario clarifica esta relación.

La participación laboral de las mujeres en el mundo ha aumentado durante las últimas tres décadas, acompañando los cambios impuestos por el neoliberalismo, aumentando la flexibilización del trabajo. Bajo estas condiciones generales de mayor explotación se desarrolló la inserción laboral femenina caracterizada por percibir salarios más bajos por igual trabajo o con dificultades para acceder a puestos jerárquicos; ocupando los puestos más precarios (con menor especificación) o de tareas relacionados al cuidado (salud, educación, trabajo doméstico, etc.), de menores cargas horarias y con mayor inestabilidad.

Esta realidad queda refrendada por los números oficiales del Indec, a traves de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH).

(…) para el tercer trimestre de 2018, (…) la tasa de actividad de las mujeres alcanzó el 49,1%, más de 20 puntos por debajo de la participación masculina que fue de 69,5 %, para ese periodo.

Esta enorme diferencia se mantiene en la tasa de empleo que mide la relación entre ocupados y población total (donde la mayoría son mujeres), alcanzado para las mujeres el 43,9% y el 64 % para los varones.

La crisis argentina la pagan las mujeres

Según el artículo de Guadalupe Bravo, el contexto recesivo del país agrava aún más la situación de las mujeres.

Por un lado, debido a la «caída de la economía en 2018 del 2,6%».

Por el otro, a la pérdida «del salario real del 12%, además de la «contracción del mercado laboral con pérdidas de empleos»

Todo esto en el contexto de una pobreza (que) ya alcanzan a 13,6 millones de personas ascendiendo al 33,6% según las estimaciones del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, las mujeres llevan las de perder.

Dos son los grupos de mujeres que quedan preocupantemente expuestas ante este cuadro: las beneficiarias de planes sociales y las mujeres adultas:

El 97 % de los titulares de AUH son mujeres, y dentro de ese porcentaje si miramos por edades entre los 20 a 34 años se concentra el 61 % de las asignaciones. El monto de las AHU continúa siendo de miseria ($1831), muy por detrás de la inflación, según el cálculo realizado por el Observatorio del Derecho Social-CTA en enero de 2019 registraron una pérdida en términos reales de 17,4 % y prevén una caída similar para febrero.

Otro de los sectores vulnerables con alta composición femenina y afectado por los cambio del índice de movilidad son las adultas mayores que perciben jubilaciones. Una estimación de La Izquierda Diario reveló que en promedio, las mujeres jubiladas y pensionadas perciben haberes un 12 % más bajos que los de los varones.

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«Feminización» y «juvenización» de la pobreza

De acuerdo a los datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec (EPH) «se puede comprobar este crecimiento de la feminización de la pobreza»:

(…)  las mujeres siguen ocupando el 70 % de la población con menores ingresos. Además de ser el componente mayoritario del décil con menores ingresos, la brecha de ingresos respecto a varones alcanza el 25,2 %, según datos elaborados por Economía Femini(s)ta.

Otro aspecto que refuerza este análisis, es el componente etario de las mujeres precarizadas.

(…) las mujeres representan niveles más elevados en las tasas de subocupación que abarca a quienes trabajan menos de 35 horas semanales. Esta tasa ascendió del 10,8 % en el III Trimestre de 2017 al 11,8 % para el mismo periodo de 2018. Para las mujeres la subocupación llegó al 14,4 % de las activas, mientras la subocupación de los varones se ubicó 4,6 % por debajo, alcanzando el 9,8 % de los activos.

Si la pobreza es un problema para la Argentina, el fenómeno tiene cara de mujer; y es el rostro especialmente de las más jóvenes.

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