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Un premio Nobel explica la desigualdad y propone una receta que ¿no incomodará? a los ricos

Un premio Nobel explica la desigualdad y propone una receta que ¿no incomodará? a los ricos

El prestigioso premio Nobel de economía del año 2015, Angus Deaton, describe el despliegue de la desigualdad económica en los Estados Unidos y en el mundo. Asegura que no hay que «matar» al capitalismo pero llama a tomar medidas para establecer distancias razonables entre los que más poseen y los que menos tienen.

El premio Nobel de Economía del año 2015, Angus Deaton, describe los mecanismos que hoy hacen que la desigualdad sea más una consecuencia de disfuncionalidades del modelo capitalista que efectos de la enorme y cada vez mayor distancia entre ricos con respecto a capas medias y sectores empobrecidos o directamente pobres.

La desigualdad es más una consecuencia que una causa de los procesos económicos, políticos y sociales. Además, la desigualdad no es lo mismo que la injusticia; y, en mi opinión, es esta última la que ha incitado tanta agitación política en el mundo rico de hoy. Algunos de los procesos que generan desigualdad son ampliamente vistos como justos. Pero, otros procesos son profunda y obviamente injustos, y se han convertido en una fuente legítima de ira y rencor.

Para Deaton, uno de los factores de la desigualdad es la innovación; tanto entre países como entre personas. La capacidad de introducir nuevos productos o servicios novedosos es un factor que, lejos de ser injusto, sin dudas para distancias sociales:

En el caso de los procesos que generan desigualdad, es difícil oponerse a que los innovadores se enriquezcan mediante la introducción de productos o servicios que beneficien a toda la humanidad. Algunas de las mayores desigualdades en la actualidad son una consecuencia de las revoluciones industriales y de salud que comenzaron alrededor del año 1750. Originalmente, estos procesos beneficiaban solo a unos pocos países del noroeste de Europa. Pero, desde aquel entonces han mejorado las condiciones de vida y las situaciones de salud para miles de millones de personas en todo el mundo. Las desigualdades derivadas de estos avances –tanto dentro como entre países– son beneficiosas y justas, y una característica clave del progreso en general.

Pero, como decimos en la Argentina, cuando los goles se hacen con la mano dejan de tener legitimidad. Así se pone de manifiesto con el enriquecimiento mediante prebendas con el Estado. Se trata de la corrupción, en definitiva, como mecanismo espurio que distorsiona el concepto de acumulación libre, en un ámbito capitalista competitivo entre agentes en igualdad de condiciones. ¿El resultado? Que todo lo que «huela» a Estado será rechazado por la ciudadanía, aún cuando se trate de acciones necesarias para el bienestar social.

(…) enriquecerse mediante sobornos al Estado con el objetivo de obtener favores especiales es claramente injusto, y con razón causa resentimiento. Muchas personas en Estados Unidos –aún muchas más que en Europa– consideran automáticamente como justos los resultados capitalistas o de mercado, y como injustas y arbitrarias las acciones del gobierno. Se oponen a los programas patrocinados por el gobierno o las universidades que parecen favorecer a grupos particulares, como por ejemplo a las minorías o los inmigrantes.

Esto ayuda a explicar por qué muchos estadounidenses blancos de la clase trabajadora se han puesto en contra del Partido Demócrata, mismo que ellos ven como el partido de las minorías, los inmigrantes y las élites educadas. Pero otra razón del creciente descontento público es que los salarios medios reales (ajustados a la inflación) en Estados Unidos se han estancado en los últimos 50 años.

Para el premio Nobel de economía Angus Deaton, globalización e innovación, sin dudas, marcan el ritmo de la desigualdad; pero también lo es la distancia entre los ingresos de los sectores ricos, que crecen a ritmo constante, mientras lo que perciben sectores medios y bajos permanece estancado:

Hay dos explicaciones distintas para la divergencia entre los ingresos medios y los ingresos superiores, y es muy importante cuál es la correcta. La primera explicación atribuye la divergencia a procesos impersonales e imparables como la globalización y la innovación tecnológica, que han devaluado el trabajo poco calificado y favorecido a las personas que tienen una buena educación formal.

La segunda explicación es más siniestra. Sostiene que el estancamiento de los ingresos medios es en realidad el resultado directo del aumento de los ingresos y la riqueza en la parte superior. Según esta explicación, los ricos se están haciendo más ricos a expensas de todos los demás.

La desigualdad en los Estados Unidos es cosa de ricos versus pobres

Deaton reconoce que en tierras estadounidenses el asunto de la desigualdad tiene fundamentos sólidos a propósito de la riqueza que no para de aumentar, por un lado, y de los ingresos paralizados de los sectores medios y bajos por el otro:

Si bien la globalización y el cambio tecnológico han alterado las formas de trabajo tradicionales, ambos procesos tienen el potencial de beneficiar a todos. El hecho de que no hayan beneficiado a todos sugiere que los ricos hubiesen capturado dichos beneficios sólo para sí mismos. Tomará mucho más trabajo de investigación determinar cuáles políticas y qué procesos están evitando el aumento de los salarios de la clase media y la clase trabajadora, así como también cuantificar los efectos; sin embargo, lo que se presenta a continuación es una lista preliminar.

  • En primer lugar, el financiamiento de la atención médica está teniendo un efecto desastroso en los salarios. Debido a que la mayoría del seguro de salud de los estadounidenses es provisto por sus empleadores, son los salarios de los trabajadores, esencialmente, los que pagan por las ganancias y los altos salarios que se perciben en la industria médica. Cada año, EE.UU. desperdicia un millón de millones de dólares –alrededor de 8.000 por familia– más que otros países ricos en costos excesivos de atención médica, y tiene peores resultados de salud que casi todos. Cualquiera de las alternativas de financiación europeas podría recuperar esos fondos, pero la adopción de cualquiera de las mismas desencadenaría la feroz resistencia de aquellos que ahora se benefician del statu quo.
  • Otro problema es que el salario mínimo federal de los EE.UU. –hoy en día en un nivel de US$7,25 por hora– no ha aumentado desde julio del año 2009. A pesar del amplio apoyo público, el aumento del salario mínimo siempre es difícil, debido a la influencia desproporcionada que las firmas y donantes ricos tienen en el Congreso.
  • Para empeorar las cosas, más del 20% de los trabajadores ahora están sujetos a cláusulas de no competencia, lo que reduce el poder de negociación de los trabajadores –y, por lo tanto, sus salarios–. Del mismo modo, 28 estados de EE.UU. han promulgado las llamadas leyes de “derecho al trabajo”, que prohíben los acuerdos de negociación colectiva que requerirían que los trabajadores se afilien a sindicatos o paguen cuotas sindicales. Como resultado, las disputas entre empresas y consumidores o trabajadores se resuelven cada vez más fuera de los tribunales a través del arbitraje, un proceso que es abrumadoramente favorable para las empresas.
La tercerización, «maldito» tesoro

Para el premio Nobel Angus Deaton, la idea de contar cada vez con menos trabajadores en relación dependencia y disponer de más contratistas es uno de los mecanismos que explican el deterioro del poder adquisitivo de las capas trabajadoras:

Los servidores de alimentos, conserjes y trabajadores de mantenimiento que solían ser parte de compañías exitosas ahora trabajan para entidades con nombres como AAA-Service Corporation. Estas compañías operan en una industria altamente competitiva y de bajos salarios, y brindan pocos o ningún beneficio y pocas oportunidades de ascenso laboral.

El crédito tributario por ingresos laborales devengados (EITC, por sus siglas en inglés) ha proporcionado un impulso a las condiciones de vida de muchos trabajadores estadounidenses mal remunerados. Pero, dado que sólo está disponible para aquellos quienes trabajan, ejerce una presión a la baja sobre los salarios de una manera que los beneficios incondicionales, como una subvención a los ingresos básicos, no lo harían.

Algo que no escapa a la realidad de Estados Unidos y muchos otros países de alta inmigración es la baja calificación de las personas que llegan a un nuevo país. Esto, según el economista, también debilita los salarios:

La inmigración no calificada también plantea un problema para los salarios, aunque esto es polémico. A menudo se dice que los inmigrantes toman trabajos que los estadounidenses no quieren. Pero tales afirmaciones no tienen sentido sin alguna referencia a los salarios. Es difícil creer que los salarios de los estadounidenses poco calificados habrían permanecido tan bajos como lo hicieron en ausencia de los ingresos de inmigrantes no calificados. Como el economista Dani Rodrik señaló hace 20 años, la globalización hizo que la demanda de la mano de obra sea más elástica. Entonces, incluso si la globalización no reduce los salarios directamente, esta hace que sea más difícil para los trabajadores obtener un aumento salarial.

Recetas contra la desigualdad

Para el Nobel Angus Deaton no todo está perdido en la lucha contra la desigualdad. Hay esperanza por enmendarla, aún sin impuestos que ataquen abiertamente a la riqueza:

Si esta historia de salarios medios estancados y salarios altos crecientes es correcta, entonces puede haber una luz de esperanza en nuestra era de desigualdad, porque esto significa que el mercado laboral disfuncional de EE.UU. no es una consecuencia irremediable de procesos imparables como la globalización y el cambio tecnológico.

Se puede lograr un progreso ampliamente compartido con políticas diseñadas específicamente para beneficiar a consumidores y trabajadores. Y esas políticas ni siquiera necesitan incluir impuestos redistributivos, medida a la que muchos trabajadores se oponen. Por el contrario, pueden enfocarse en maneras de fomentar la competencia y desalentar la búsqueda de rentas.

El economista ve una luz de esperanza al final de este túnel desigual, del que, asegura, se puede salir aun con mercados competitivos, pero justos:

Con las políticas correctas, la democracia capitalista puede funcionar mejor para todos, no sólo para los ricos. No necesitamos abolir el capitalismo o nacionalizar selectivamente los medios de producción. Sino que debemos volver a poner el poder de la competencia al servicio de las clases media y trabajadora.

Artículo publicado en Proyect Syndicate: https://www.project-syndicate.org/onpoint/anatomy-of-inequality-2017-by-angus-deaton-2017-12?barrier=accesspaylog

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