Reciclaje, «¡go home!»

Reciclaje, «¡go home!»

La entrada en vigor de la restricción china al ingreso de productos para reciclado disparó alarmas en el mundo desarrollado, cuyos países venía exportando sus desecho hacia tierras asiáticas, en un negocio millonario por el cual lograron, hasta ahora, deshacerse de su basura reciclable sin tener que tratarla en su territorio.

Tal como contamos en este espacio, la decisión de China de restringir el ingreso a su territorio de determinado productos para reciclaje está poniendo al mundo desarrollado en un verdadero problema.

El material para ser reciclado se está amontonando en dimensiones preocupantes en tierras orientales y, ahora, las autoridades chinas decidieron meter mano en el asunto. Es así que el 1 de enero entró en vigor la nueva normativa que prohíbe la importación de 24 tipos de residuos, entre los que se encuentran diferentes plásticos, papel y textiles. Un dato no menor, teniendo en cuenta que China es, desde la década del 80, el principal comprador de este tipo de basura que, generalmente, procede de países desarrollados.

Según un informe de la BBC, en total, en 2015 China importó 46 millones de toneladas de desechos que, después de ser reciclados, sirven para satisfacer en parte la enorme demanda interna de materias primas. En 2016, el 56% de toda la basura que se movió por el mundo acabó en tierras chinas. Sin embargo, la falta de instalaciones adecuadas y el procesamiento de cantidades tan grandes de desechos provoca graves daños medioambientales y con preocupantes problemas de salud en la población.

El crecimiento económico de China, sin dudas, tiene impacto en este asunto. Si bien todavía no alcanza los casi 300 millones de toneladas de basura producidos anualmente en Estados Unidos, el gigante asiático se acerca rápido a esas cifras: el año pasado produjo 190 millones. Es decir: hoy el país necesita priorizar el tratamiento de la basura propia antes que la ajena.

El problema, entonces, se traslada a las economías desarrolladas que tendrán que buscar sus propios métodos para procesar sus desechos. Estados Unidos, por caso, exportó 37 millones de toneladas de desechos durante 2017 por un valor de 16.500 millones de dólares; un tercio tuvo como destino China. Según Greenpeace, en el caso del Reino Unido, lleva exportado 2,7 millones de toneladas de desechos plásticos a China desde 2012. Una cantidad que supone dos tercios del total de lo que genera. Según la BBC, en la primera década de este siglo, un 87 por ciento del plástico recogido en la Unión Europea para su reciclado terminó en el gigante asiático.

Sin duda, la prohibición dictada por Pekín hizo visible un negocio de grandes millones en juego y de enormes desafíos medioambientales.

El que contamina, ¿paga?

En medio de la entrada en vigencia de esta normativa china, el Comité de Auditoría Ambiental del Reino Unido recomendó la adopción del Principio “Quien contamina paga” que obliga a los minoristas y a las empresas de bebidas a pagar por el reciclaje de los desechos plásticos que crean. La adopción de este Principio impulsaría a aumentar la tasa de reciclaje del Reino Unido que hoy se limita a 7,5 de 13 mil millones de botellas de plástico recicladas al año.

El informe del Comité enfatiza la necesidad de una mayor intervención del gobierno para abordar el problema, y sugirió que las empresas que contribuyen a la contaminación plástica deberían asumir los costos de su gestión.

La presidenta del comité de auditoría ambiental, Mary Creagh, afirmó que las empresas del Reino Unido que producen residuos pagan una de las contribuciones más bajas por los residuos en comparación con otros países europeos. “Se necesita una acción urgente para proteger el ambiente de los efectos devastadores de la contaminación por plástico marino, que si continúa aumentando a las tasas actuales, superará a los peces para 2050”.

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