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Si es con resiliencia, mucho mejor

Soportar y superar los duros golpes de la vida es la mejor estrategia para enfrentar los problemas que, pese a que la modernidad se encarga de hacernos creer que no existen, son parte de nuestra cotidianidad.

Según Vanesa Carreño en el Diario de León, casi siempre son las adversidades, y no los triunfos, las que más nos ayudan a crecer y madurar como personas. Si lo permitimos, claro está. Porque frente a problemas similares hay quienes se hunden y creen que no pueden hacer nada y otros que ven eso que les pasa como un reto y una oportunidad para superarse. ¿Qué es lo que hace que unas personas respondan de una forma y otras de otra? La clave es su resiliencia o capacidad para soportar los golpes de la vida y sobreponerse a ellos.

No es que las personas resilientes no tengan problemas, no sufran o no lo pasen mal. Sencillamente no se recrean en ese dolor porque lo entienden como parte del camino. Saben que quejarse, lamentarse o darle vueltas a lo que ya paso no servirá de nada.

No es que las personas resilientes no tengan problemas, no sufran o no lo pasen mal. Sencillamente no se recrean en ese dolor porque lo entienden como parte del camino.

Todo lo contrario a la persona victimista, que es la que reacciona negativamente cuando la realidad no cumple sus deseos y expectativas. Ese es el mayor obstáculo, ver las adversidades como problemas de los que quejarnos en vez de como una oportunidad para aprender y evolucionar.

El resiliente sabe que, aunque no siempre pueda decidir sobre lo que le sucede, porque en la vida no se puede esperar que todo salga bien, sí puede elegir su actitud.

El resiliente sabe que, aunque no siempre pueda decidir sobre lo que le sucede, porque en la vida no se puede esperar que todo salga bien, sí puede elegir su actitud. Por eso, porque cada uno elige, la buena noticia es que la resiliencia se puede entrenar. Aquí tiene tres claves:

Valorarse. Si se enfoca en sus cualidades positivas, en sus logros y en sus fortalezas se sentirá más capaz de superar los golpes que la vida le plantee.

Jugarse a encontrar una solución. Si mira ese problema desde el «no hay nada que yo pueda hacer», no será capaz de resolverlo. En vez de eso, plantéeselo como un jeroglífico cuyo misterio ha de resolver.

Aprender de los errores. Reflexione sobre lo que haría diferente la próxima vez y deje de pensar que por haber fallado ahora le volverá a pasar, porque no tiene nada que ver.

La vida tiene dos caras y no se puede evitar una de ellas. O, como decía Séneca, «ningún gran hombre puede llegar a serlo si su buena fortuna no le brinda la ocasión de mostrar su virtud».

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Director de Voz por Vos. Locutor, periodista y docente. Conductor de "Ventana Abierta", lunes a viernes de 12 a 14 (FM Milenium -FM 106.7-). Columnista de temas sociales en Radio Ciudad y docente en la escuela de periodismo ETER.
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