Madres del Dolor: «Somos miles de familiares de víctimas de todo el país»

Madres del Dolor: «Somos miles de familiares de víctimas de todo el país»

Suma más de 3.000 casos el flamante registro digital de damnificados, de diferentes formas de violencia, que acaba de presentar la organización civil con sede en el partido bonaerense Vicente López.

«Ustedes son jodidas, nos dijo una vez un presidente», cuenta Elsa del Carmen Gómez de Sosa. «Señor, usted va a estar cuatro años en ese sillón, tal vez ocho, le contesté; usted va a pasar, porque el gobernante pasa; pero Elsita Gómez mientras viva va a seguir».

«Ese señor era Néstor Kirchner», sonríe la mujer; «después nos dijo que hiciéramos las cosas como correspondía; o sea, que creáramos una asociación civil».

La anécdota ocurrió en la Casa Rosada a mediados de 2004, después de que varios familiares de víctimas de la Capital Federal y sus alrededores leyeran una carta dirigida al mandatario en conferencia de prensa; la misiva reclamaba justicia y protección frente a distintos crímenes; el santacruceño invitó al grupo a visitarlo en ese mismo momento.

Meses después, el 10 de diciembre de 2004, nació formalmente la Asociación Civil Madres del Dolor, donde hoy continúan las integrantes históricas: Silvia Irigaray, presidenta —mamá de Maximiliano Tasca, fusilado por un policía—; Marta Canillas, vice —mamá de Juan Manuel, ejecutado por secuestradores extorsivos—; Viviam Perrone, secretaria —mamá de Kevin Sedano, asesinado por un automovilista—; Elsa Gómez, prosecretaria —mamá de Daniel Sosa, ultimado por otro policía—; Isabel Yaconis, tesorera —mamá de Lucila, estrangulada por un violador sexual—; Elvira Torres, protesorera —mamá de Cristian Gómez —masacrado por el mismo agente estatal que Maxi Tasca—; y Nora Iglesias, vocal —mamá de Marcela, aplastada por una escultura expuesta ilegalmente—.

«La unión nos hizo fuertes», dice Silvia Noemí Irigaray; «es lo que nos ha permitido pasar del dolor al amor, que podamos luchar todos los días y cada vez más, porque cada vez más es lo que hacemos, con amor a nuestros hijos y con muchas, pero muchas ganas».

«Estos 14 años de la Asociación significan mucha lucha, mucho trabajo, mucha pelea y mucha unión», dice Viviam María Perrone; «año a año vamos mejorando; nos vamos uniendo con más familiares de víctimas y tratamos, cada uno desde nuestro lugar, que otras personas no lleguen a quedar paradas donde estamos parados nosotros, que no se conviertan en nuevas Madres del Dolor».

«Tenemos un hilo conductor, hay poca justicia», dice Nora Ester Ribaudo de Iglesias; el caso de su hija sigue impune; «acompaño a otros de la misma manera que me recibieron a mí; cuando llegué me sentí contenida y acompañada en todo momento, encontré un grupo de madres que me abrían el corazón».

«Hablamos directamente, de corazón a corazón», agrega; «porque vivimos la misma experiencia; me puse a tratar de que las personas que vienen se vayan con un abrazo o encuentren una oreja dispuesta, tratar de escucharlas en todo su dolor».

«Todos tenemos el mismo fin, que es buscar justicia», dice Eduardo Rubén Iglesias, esposo de Nora y papá de Marcela; «somos ciudadanos comunes que se reúnen para hacer reclamos por la falta de justicia que le tocó a cada uno».

«Reclamar sin descanso es la manera de mantener el eje», continúa; «que es difícil; no derivar en otros temas que no tienen que ver con la muerte del familiar».

«Es un trabajo a pulmón»

La Asociación Civil Madres del Dolor es una persona jurídica sin fines de lucro que, de acuerdo con su estatuto, «se declara independiente de los partidos políticos y se obliga a promover la efectiva prestación de justicia, brindar asistencia a las víctimas de la violencia y sus familiares, y constituir un foro de defensa de los derechos y la seguridad ciudadanos».

La sede es una casa prestada por la Municipalidad de Vicente López, en el Gran Buenos Aires, donde, con ayuda de especialistas del Ministerio de Justicia de la Nación, las integrantes reciben, contienen y asesoran a damnificados de cualquier delito de toda la Argentina.

«Mi mensaje para otros familiares de víctimas es nunca quedarse solos», dice Isabel Brito de Yaconis, que ignora quién mató a su hija; «siempre pedir ayuda; hay muchísimas organizaciones que congregan a quienes padecen todo tipo de agresiones».

«Así el dolor cede un poco», reflexiona; «que alguien te llame y te diga acá estoy para lo que necesites, aunque sea para darte un abrazo».

«Ahora tenemos un registro digital de víctimas con todos los casos que han llegado a la Asociación a lo largo de los años», dice Marta Elsa Ghiglia de Canillas en referencia a un logro que las madres difundieron días atrás acompañadas por María Eugenia Vidal, gobernadora bonaerense, otros funcionarios provinciales y nacionales, y numerosos deudos de damnificados.

«Es un sistema virtual en el que volcamos todos los datos; es un aporte enorme; permite saber la cantidad, la especie: si son casos viales, delitos comunes, secuestros, donde ocurrió, la edad del afectado».

«Es un trabajo a pulmón», se apasiona Marta; «nosotras somos como cavernícolas, empezamos el registro a mano, después hicimos un word, después un excel y ahora creamos este sistema informático accesible por Internet».

El archivo en papel estaba compuesto por 10 mil hojas que llenaban unos 30 biblioratos. La plataforma web, de acceso restringido, centraliza ese acervo y facilita su actualización y el cálculo estadístico.

«Tenemos más de 3.000 casos de todo el país y de todos los temas», precisa Elsa Gómez; «tránsito, violencia institucional, delincuencia, violaciones, secuestros, mala praxis y otros».

«No somos siete Madres del Dolor», afirma; «somos miles de familiares de víctimas de todo el país; somos todas iguales; el mismo dolor».

«Es muy significativo el hecho de que somos madres», dice Elvira Torres; «podemos ayudar a otras que pierden a un hijo, que se acercan a nosotras para que les pongamos el oído; hablamos el mismo idioma, el idioma del dolor de la pérdida de un hijo, nos entendemos y acompañamos, nos apoyamos, hacemos catarsis, como una terapia».

«Todas las personas tenemos un motorcito interior», dice José Yaconis, alias Pepe, esposo de Isabel y papá de Lucila; «cada día uno lo enciende, para seguir adelante a pesar de la tragedia».

«Un grupo de amigas»

«Antes quién hablaba de violaciones», dice Isabel Yaconis sobre los logros de la ACMdD; «era una palabra prohibida, una palabra tabú; quién hablaba de los hechos de tránsito; eran accidentes, a nadie le importaban, eran solamente un título en el diario».

«Hoy todo el país habla de los hechos de tránsito», continúa; «y hoy todo el país sabe que tenemos el registro nacional de datos genéticos de condenados por delitos sexuales».

El flamante registro virtual de víctimas que las madres acaban de anunciar se suma una extensa lista de proyectos institucionales.

Algunos son normas aprobadas por el Congreso Nacional, como el registro de datos genéticos de condenados por delitos sexuales y la incorporación al Código Penal de agravantes para los hechos viales: exceso de velocidad, consumo de alcohol y abandono del atropellado.

Otros proyectos de la entidad son normas de rango ministerial, como dos novedosos protocolos: el de actuación policial para el transplante de órganos en hechos traumáticos (vigente en territorio bonaerense) y el de actuación en siniestros viales (dirigido a agentes y peritos del nivel nacional).

«Maxi ayudó a vivir a muchas personas con sus órganos», dice Silvia Irigaray sobre su hijo, que era donante voluntario; «y ahora hemos logrado el primer protocolo del tema en la Argentina; espero que esto sea contagioso; debería estar en todo el país; está en la provincia de Buenos Aires, que tiene tanta gente que es un gran logro».

«Empezamos como un grupo de amigas», dice Viviam Perrone sobre el espíritu con que trabajan; «y como amigas y hermanas, discutimos, nos unimos y nos ponemos de acuerdo; eso es lo más importante; hay discusión y hay consenso; no es que todas decimos que si o que no, sino que alrededor de una mesa vamos debatiendo los temas y tomando decisiones».

Horas antes de la difusión del nuevo registro virtual de damnificados junto a María Eugenia Vidal, Viviam se sentó junto al presidente Mauricio Macri durante la presentación de la llamada ley nacional de víctimas.

Esta norma es otra idea propuesta por la ACMdD y aprobada por el Congreso Nacional; establece el derecho para quienes padecen delitos de acceder gratuitamente al asesoramiento de abogados.

«A veces hay más acercamiento a los funcionarios», dice Eduardo Iglesias; «pero con eso solo no se solucionan las cosas; son ellos los que tienen que rendirnos cuentas, al fin y al cabo, sin que nosotros tengamos que exigirles; tiene que ser automático el cumplimiento de la ley, es el trabajo que les corresponde a los funcionarios».

«Hemos conocido a tanta gente en estos 14 años», dice Elvira Torres; «también hay funcionarios que nos han apoyado; nosotras siempre decimos que nos sentamos con todos los que quieran apoyarnos, por ejemplo para sacar las leyes que vamos elaborando».

«Llegan las Madres del Dolor»

«En la Asociación somos muy democráticas», dice Marta Canillas; «y como somos impares todo se vota y nunca hay empate, el que gana, gana, y el que pierde acompaña».

«Tenemos una gran virtud que es la paciencia; cuando toca uno un techo con una desgracia como la que hemos atravesado todas, las siete, ese es el techo, lo demás es de ahí para abajo».

«Mamita adelante, estoy acá, te acompaño y adelante, no bajes los brazos nunca», es el mensaje que Marta siente de parte de Juan Manuel; «él está presente siempre, desde que me levanto».

«Siento que Kevin a veces me reta», dice Viviam Perrone; «me dice: Má, sacá un poquito el pie del acelerador, dejá de correr tanto; pero simultáneamente siento que está siempre, siempre, a mi lado, acompañándome, dándome ideas».

«El contacto con Cristian está siempre», dice Elvira Torres; «por ejemplo, por la música [Cristian era bajista]; me pasó una vez, cuando iba a visitarlo a Chacarita, que a dos cuadras de llegar al cementerio, en una esquina de pronto escucho una canción de los Redondos [banda favorita del vástago]; acá está, dije; él sabe que a mí me duele tanto ir a ese lugar que me está acompañando con su música; son señales».

«Nuestros hijos nos acompañan», dice Silvia Irigaray; «nos dan salud; porque si no, nos morimos de tristeza; pero si los pensamos bien, sonrientes, nos dan salud».

«Nuestros hijos están muy, muy cerquita», continúa; «es lo que trato de explicarle a cada papá, a cada mamá, a cada hermano que llega a esta circunstancia tan dolorosa; todas las mamás de la Asociación somos así, hablamos de nuestros hijos, contamos anécdotas, nos reímos, somos así».

«Con mi marido primero luchamos para tener a Marcela», dice Nora Iglesias; «porque no fue fácil, y una vez que llegó ella, sentimos que teníamos el hogar completo, un hermoso hogar; pero tuvimos la desgracia de perder a nuestra hija», lamenta; «estamos siempre los dos juntos [ella y Eduardo], luchamos los dos codo a codo en todo».

«Lo dije mil veces», cuenta Isabel Yaconis; «no encontré al asesino de Lucila, pero no quiero que su muerte sea en vano, quiero que no la olviden, he inmortalizado a Lucila con el registro nacional de datos genéticos».

«Mira lo que logró Lucila con su muerte», agrega; «lo pienso y no lo puedo creer; y sin esperanza de que lo encontremos rápidamente [al homicida]; mi esperanza es que a futuro estos delincuentes que hacen tanto daño estén más cercados».

«Mi mente, mi corazón, me dicen que hay que seguir», se empeña Elsa Gómez; «porque todos los días hay nuevas mamás que lloran la perdida de sus hijos; no podemos estar calladitas la boca ni ante la prensa ni ante el Estado».

«El nombre Madres del Dolor no fue buscado por nosotras, fue puesto por la prensa», recuerda; «porque no nos conocían a cada una y nos veían siempre en Tribunales o en la vereda del Ministerio de Justicia empezaron a decir: llegan las Madres del Dolor; y así quedó».

«Son muchas las víctimas; no podíamos poner el nombre una sola, por eso quedó Madres del Dolor».
«Esperemos que nos sigan prestando la casita de Vicente López», desea Elsa Gómez sobre la sede institucional; «y bueno», sonríe, «seguiremos jodiendo».

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