Que la crisis no se lleve puesta a la solidaridad

Que la crisis no se lleve puesta a la solidaridad

Las crisis como la que atraviesa la Argentina (la económica, claro) suelen arrasar con muchas cuestiones más allá de lo económico.

La contracción productiva y de consumo no solo es una cuestión de menos pesos o dólar más caro.

Las crisis recienten los lazos sociales, o en todo caso los reconfiguran.

Desde hace años, Pequeños Puentes viene dando batalla en acercar a los chicos más necesitados todo tipo de ayuda.

Lo vienen haciendo especialmente en dos momentos liminares la construcción de la niñez en todas sus dimensiones y trascendencias.

Cada Navidad y cada inicio de clases ahí están ellos, tendiendo puentes mediante las nuevas tecnologías de la comunicación digital, uniendo almas solidarias con almas necesitadas.

Pero en este 2019 las cosas se complicaron.

Menos capacidad adquisitiva de la gente, a la sazón menos dinero en los bolsillos, carteras y home banking repliegan a la solidaridad.

Un dato que se queda refrendado más allá del trabajo solidario de Pequeños Puentes.

Desde 2018 hasta la fecha, las parroquias de la iglesia católica argentina vienen sintiendo el efecto de una crisis que, aunque silenciosa, golpea sin piedad.

Pero su impacto no se está dando como lo fue en crisis anteriores: el alcance de los planes sociales viene morigerando sus consecuencias, especialmente en los sectores más vulnerables (política que va despertando cada vez más rechazos entre el propio electorado del gobierno de Mauricio Macri).

Por eso, sin dudas, el sujeto social de esta crisis es la clase media baja, cuyo integrantes (que son millones) probablemente también hayan votado al actual gobierno.

Ese sector social es hermano de la pobreza; el que está próximo a villas y asentamientos; el que muchas veces incluso es parte de esos barrios de la marginalidad social.

Quien hoy sale a calle para alcanzar su trabajo sabe del riesgo de una derrota más que dolorosa: trabajar sin llegar a fin de mes.

La derrota antes del combate puede ser más que frustrante.

Ese sujeto social que debe dar diariamente esa lucha es quien hoy no tiene más remedio que restringir sus gastos, incluyendo sus donativos, tanto por incapacidad económica como por recelo social hacia los que «viven de los planes».

No nos engañemos: esto está pasando dolorosamente en nuestra Argentina del presente.

Pregunten en su parroquia más cercana y sigamos debatiendo el asunto.

A nivel institucional, Cáritas Argentina reconocía en agosto del año 2018 que lo recaudado en su tradicional colecta Más por Menos había alcanzado casi los 92 millones de pesos.

Fue una cifra millonaria que, sin embargo, creció el 18 por ciento con respecto al año anterior; es decir que la solidaridad perdió ante la inflación que, durante ese período, estuvo muy por encima del 30 por ciento.

Estas líneas no tienen fines partidarios ni derrotistas; simplemente pretenden analizar el estado de cosas de una Argentina en crisis que ve resentir sus lazos sociales.

Son un llamado a no bajar los brazos a partir de una crítica lo más sincera posible del estado de situación de nuestra sociedad.

Por eso los invitamos a ser solidarios, en medio de la crisis.

Tender una mano cuando más se necesita.

Ojalá que lo puedan hacer mediante Pequeños Puentes, cuya fundadora y directora es Pilar Medina.

Con ella hablé en FM Milenium y con sus palabras tal vez se enriquezca esta reflexión sobre el estado de la solidaridad en un país que vive en (una nueva) crisis.

Ah, y no se olviden de los chiquitos y chiquitas que están esperando por sus útiles para empezar el cole: www.pequeñospuentes.com.ar

Compartir