¿Qué hará María?

¿Qué hará María? (episodio 6)

Las heroínas de esta crónica fueron mujeres, ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Por Lucio Casarini (cronista) y Daniela Díaz Arz (ilustradora)

La expresión gatillo fácil, pariente de la inglesa trigger happy —textualmente, gatillo feliz o divertido—, se usa de forma habitual en referencia a crímenes cometidos por miembros de las fuerzas estatales, en primer lugar la Policía, con arma de fuego. Rodolfo Walsh fue un precursor con la acepción, pues definió esos horrores como casos de «gatillo alegre» a fines de la década de 1960, veinte años antes de que la frase fuera popularizada por la prensa con su forma definitiva. «La secta del gatillo alegre y la picana», definió Walsh, denunciando las atrocidades de los escuadrones gubernamentales, sobre todo la Bonaerense, por ejemplo en el partido de La Matanza. «Es también la logia de los dedos en la lata», completó, sobre transgresiones paralelas. «Una jauría de hombres degenerados, un hampa de uniforme, una delincuencia organizada que actúa en nombre de la ley».

La dictadura que gobernó entre 1976 y 1983 constituye un trance insoslayable de abusos estatales contra la población civil, porque registra la época más sangrienta de la historia argentina en este ámbito. Sin embargo, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional excede el concepto de gatillo fácil, porque desarrolló un exterminio a toda escala, integrado, además, en el Plan Cóndor, de dimensiones continentales. Una de las instituciones que protagonizó aquella locura fratricida fue la Bonaerense, que es la legión más numerosa del país en efectivos después de las Fuerzas Armadas.

Daniel Sosa, su esposa Beatriz y los hijos de ambos, Javier y Daniela, en la primera comunión de la última.

Tras la dictadura, con el regreso de la democracia, los crímenes disminuyeron, pero continuaron. El más que tercio de siglo transcurrido desde 1983 hasta 2020 suma 7587 argentinos asesinados por agentes gubernamentales, según la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi).

La presidencia de Mauricio Macri, que se extendió entre 2015 y 2019, acumuló 1833 muertos como consecuencia de esta calamidad. La cifra supone 1,3 víctimas fatales por día, dato que se sitúa en el podio represivo desde 1983. Detrás se ubican las administraciones de Alberto Fernández (1,2 al cabo de un año), Néstor y Cristina Kirchner (0,8 en tres mandatos), Fernando de la Rúa (0,6), y el período que suma los Gobiernos interinos de Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá y Eduardo Alberto Duhalde (0,5).

La mayoría de los damnificados son jóvenes de entre 15 y 35 años y de bajos recursos. En general, son asesinados bajo custodia en cárceles, comisarías o lugares de detención de menores, con frecuencia como resultado de la aplicación de torturas, o sufren fusilamientos en la calle. Algunas tipologías de menor incidencia son las desapariciones y las muertes durante la represión de manifestaciones en espacios abiertos.

La distribución geográfica de estos crímenes otorga una hegemonía absoluta a la provincia de Buenos Aires, con el 51 por ciento del total, seguida por Santa Fe, Córdoba, la Capital Federal, Mendoza, Tucumán, Santiago del Estero y Chaco, en ese orden.

Un hito de mediados de la década de 1990 es el hecho de que la Bonaerense comenzó a ser denominada por la opinión pública la «maldita Policía», como consecuencia de la visible participación de algunos de sus miembros en resonantes episodios delictivos.

En 1995, trece integrantes de la fuerza fueron procesados como presuntos cómplices de la explosión de la AMIA, ocurrida el año anterior en la ciudad de Buenos Aires. El ataque contra la mutual israelita argentina provocó 85 víctimas fatales y arriba de 300 heridos; es la agresión más sangrienta contra la comunidad judía en todo el orbe desde la Segunda Guerra Mundial.

El apelativo «maldita Policía» se instaló definitivamente tras el asesinato mafioso del reportero gráfico José Luis Cabezas en 1997 en la ciudad de Pinamar. El fotógrafo de la revista Noticias, que había tenido la audacia de retratar a Alfredo Enrique Nalib Yabrán, empresario tan oscuro como cercano a la Casa Rosada, apareció calcinado en su auto, con las manos esposadas a la espalda y dos disparos en la cabeza. «Me tiraron un muerto», dijo el gobernador Eduardo Alberto Duhalde. Años después, cuatro efectivos de la fuerza provincial estarían entre los condenados por el hecho.

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El homicidio de Daniel Sosa se produjo en el año más funesto, en el campo de la violencia institucional, hasta entonces desde el regreso de la democracia. Durante 2001, las fuerzas estatales, con la Policía Bonaerense a la cabeza, asesinaron a 257 argentinos. Esa atmósfera de hostigamiento creciente explicaría al menos de manera parcial la alevosía y el salvajismo con que el joven de Aldo Bonzi fue ejecutado en plena vía pública. A lo largo de los años posteriores, la estadística de los abusos de los batallones gubernamentales continuaría en ascenso, hasta el pico de 497 asesinatos en el transcurso de 2018.

Elsa Gómez, mamá de Daniel Sosa, con Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo.

Meses después del homicidio del Negro, asesorada por las Madres de Plaza de Mayo, Elsa Gómez de Sosa fue recibida en la ciudad de La Plata, junto a otros ciudadanos que pedían justicia, por el gobernador Carlos Federico Ruckauf, que había lanzado la controvertida frase «hay que meter bala a los delincuentes» durante la campaña electoral. Tras ganar los comicios, Ruckauf decretó lo siguiente: «premiar con hasta cinco sueldos a los policías que participen en iniciativas peligrosas que lleven al éxito de un procedimiento». Como reacción frente a esta medida, algunos meses antes de crimen de Daniel, el mandatario fue denunciado por instigación a la violencia.

—Si separo a Olivera, se me va a poner en contra toda la Bonaerense —le dijo Ruckauf a la madre del camionero asesinado. Todavía faltaban tres años para el juicio del Tribunal Oral y Criminal 3 de San Justo que establecería la condena de Ramón Olivera e instruiría, sin éxito, investigar a sus hijos Roque y David.

Ruckauf asumió en 2002 como canciller argentino y fue reemplazado por su vice, Felipe Carlos Solá, que acorde con el clima de época intentó mostrarse como un garante de los derechos humanos. En ese marco, Juan Pablo Cafiero, el nuevo ministro de Justicia y Seguridad de la provincia, recibió a la mamá de Daniel y otros parientes de víctimas de la violencia.

«El robo de autos es el delito que se ha incrementado en mayor medida en los últimos tiempos», dijo Solá por entonces; «además, es la razón por la cual se produjeron varios asesinatos de policías y de civiles».

Con 11 uniformados muertos de 45 totales, ese año fue la modalidad delictiva más letal para la Bonaerense. Con 20 procesados, fue el rubro que incriminó a más integrantes de la institución.

«Esto se tiene que acabar», encaró Cafiero a los jefes de la Policía provincial; «se están matando entre ustedes y tenemos 20 miembros de la fuerza bajo proceso; no va más; vamos a arrasar con los desarmaderos; pido colaboración absoluta».

«El incremento de la violencia en este tipo de hechos es total», evaluó Ricardo Bogoliuck, titular del Centro de Operaciones Policiales, principal usina estadística de la Bonaerense, «de eso no hay duda».

La ofensiva trajo resultados. Por ejemplo, la detención de Elvio Fernández, conocido como el rey del corte y capo de la mayor red autopartes ilegales del sur del Conurbano. Además, fueron procesados Norberto Fiori, comisario de la localidad de General Pacheco, partido de Tigre, y José Humberto Garay, un subalterno, por complicidad con los desarmaderos.

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Ermita en memoria de Daniel Sosa, plaza Martín Fierro, la central de Aldo Bonzi.

Por impulso del concejal matancero Miguel Ángel Bampini, vecino de Aldo Bonzi, en 2003 fue construida una ermita en memoria del Negro Sosa en la plaza central Martín Fierro. Es el primer y más considerable homenaje para la víctima. El santuario consiste en un tapial semicircular de tres metros de diámetro y uno de alto en cuyo centro se apoya un cofre vidriado que contiene una imagen de la Virgen de Luján, una foto del damnificado y una placa plateada que dice: «Daniel Alejandro Sosa. 16-11-1967; + 2-2-2001; 33 años; chofer de camión; ciudadano de Aldo Bonzi; víctima de gatillo fácil». Ambos extremos del muro tienen canteros con arbustos.

Ese mismo año, Elsa Gómez debutó con su reclamo en la Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires mediante un acto por el Día de la Madre; entre otras, la acompañaron Emilse Peralta, cuyo hijo Diego es también víctima del gatillo fácil, y María Denegri, cuyo hijo Leandro fue asesinado en un intento de robo.

También en 2003, la madre de Daniel entró por primera vez a la Casa Rosada. Fue durante una cita con más parientes de damnificados de la violencia; entre ellos, el resto de quienes iniciarían la Asociación Civil Madres del Dolor. En la oportunidad, Néstor Kirchner, presidente de la República, Gustavo Béliz, ministro de Justicia y Derechos Humanos, y Pablo Lanusse, secretario de Justicia y Asuntos Penitenciarios, presentaron el Programa Nacional de Lucha Contra la Impunidad.

El año 2004 empezó para Elsa Gómez con los preparativos del juicio oral y público por el crimen de su hijo. Dos meses antes del proceso, en el tercer aniversario del homicidio, lideró una marcha pacífica para pedir justicia acompañada por la familia Sosa, vecinos, amigos y las demás futuras fundadoras de la ACMdD. El grupo peregrinó desde la plaza de San Justo, ciudad cabecera de La Matanza, hasta la comisaría en la que Ramón Olivera continuaba trabajando armado y de uniforme.

En simultáneo, Elsa comenzó a colaborar con otros familiares de damnificados en el flamante Centro Bonaerense de Protección de los Derechos de la Víctima, como miembro de la comisión de participación ciudadana. En ese rol, acompañó al director, Alberto Jesús Linares, en varias excursiones al interior de la provincia, algunas realizadas en el avión de la gobernación. Además de Linares, el equipo estaba integrado por María Carlota Lavezzari —alias Mecha, esposa de este—, Raquel Alicia Mac Donnald y el psicólogo Xavier Andrés Oñativia. Todos colaborarían en el futuro con la Asociación Civil Madres del Dolor, desde 2008 como miembros de la Unidad de Intervención en Victimología creada por el Gobierno Nacional.

Ese mismo 2004, la mamá de Daniel y las demás ulteriores iniciadoras de la ACMdD fueron invitadas al acto de apertura del Espacio Memoria y Derechos Humanos en la hasta entonces Escuela Superior de Mecánica de la Armada (Esma), en el barrio porteño de Núñez, donde funcionó uno de los más bestiales campos de concentración de la última dictadura argentina.

Meses después, Elsa marchó en la ciudad de Rosario con la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (Ammar) por el homicidio de Sandra Cabrera, de 33 años, en manos de la Policía local. La víctima, que apareció violada sexualmente y con un balazo en la nuca, había denunciado a la fuerza, entre otros delitos, de complicidad con la prostitución infantil.

Elsa Gómez con el resto de las fundadoras de la ACMdD. De izquierda a derecha: Silvia Irigaray, Isabel Yaconis, Elvira Torres, Nora Iglesias (atrás), ViviamPerrone (adelante) y Marta Canillas.

También en 2004, el 10 de diciembre, nació formalmente la Asociación Civil Madres del Dolor, con Elsa Gómez de Sosa en el rol de prosecretaria.

—El fin de nosotras no es reclamar por nuestros hijos, sino ayudar a otros familiares de víctimas —dice la madre de Daniel—; por otro lado, todas las personas tienen su drama, aunque no les maten a un ser querido.

Coherentes con este ideario, Elsa y las demás integrantes de la ACMdD pedían justicia en 2005 en el partido de Avellaneda cuando fueron sorprendidas por un llamado telefónico de Felipe Solá, el gobernador. Sucedió tras la muerte de Macarena, de nueve años, baleada durante un robo en la localidad de Villa Domínico. El mandatario informó a las madres la detención de varios sospechosos. Ellas marchaban desde la casa de la damnificada hacia la comisaría.

Desde 2006, la mamá de Daniel acompaña a la familia de Miguel Eduardo Cardozo, que tenía 15 años cuando fue muerto por el gatillo fácil en San Justo, partido de La Matanza. Mientras el adolescente caminaba con dos amigos, uno de ellos pateó una botellita de plástico que pegó contra un auto, lo que activó la alarma del rodado. El dueño del coche, que era policía, salió de una casa con otro efectivo y un tercer hombre, probablemente pensando que intentaban robarle el vehículo. De los tres pibes, Miguel fue el más lento para escapar. «Lo corrieron, lo arrastraron casi media cuadra, lo pusieron de rodillas y le pegaron un tiro en la cabeza», recordaría Cristina, la madre del fusilado.

—Para nosotras es indiferente reunirnos con funcionarios —le dijo Elsa Gómez a Alejandro Slokar, integrante del Ministerio de Justicia de la Nación, también en 2006—; es más, lo hacemos con cierto fastidio, porque el Estado es el que debe acercarse a los familiares de las víctimas. —La mujer y el resto de las Madres del Dolor acababan de visitar al titular de la cartera, Alberto Iribarne, para proyectar una reforma del Código Penal. Después de la cita, Slokar les había comentado que sería imposible un nuevo encuentro.

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Elsa denunció en 2007 el caso de Daniel ante dos líderes sindicales: Mario Caligari, de la Unión de Tranviarios Automotor, y Omar Viviani, de la Federación Nacional de Peones de Taxis. Solo le dieron respuestas de compromiso. Visitó a cada uno acompañada por otras Madres del Dolor, en pleno debate sobre el registro de conducir por puntos en la Capital Federal.

Además, por entonces Elsa se negó a sacarse una foto con Daniel Osvaldo Scioli, vicepresidente de la Nación, titular del Senado y candidato a gobernador bonaerense. Fue en el Salón Gris de la Cámara Alta del Congreso. El funcionario había puesto en duda la continuidad del Centro de Protección de los Derechos de la Víctima ante ella y más familiares de damnificados: Luis Bordón, Raquel Witis, Emilse Peralta, Oscar Castelucci, Patricia Salafia, Walter Miralles y otros. Scioli ganaría las elecciones y en 2008, efectivamente, reduciría el CPDV a un instituto con rango menor.

Igualmente en 2007, la mamá del camionero asesinado fue distinguida como mujer destacada de la provincia de Buenos Aires y de La Matanza. Las ceremonias se realizaron en la Casa de la Provincia de la Capital Federal y la sede del Honorable Consejo Deliberante del partido, respectivamente.

Monolito en memoria de Daniel Sosa en el sitio donde fue hallado el cadáver.

Gracias a otro proyecto de Miguel Ángel Bampini, ese mismo año fue construido un monolito de homenaje al hijo de Elsa en el sitio donde fue arrojado el cadáver. Es una tarima maciza de mampostería blanqueada de medio metro de alto. «En memoria de Daniel Alejandro Sosa, que fue asesinado en este mismo lugar. Quisiéramos tenerte hoy como estuviste ayer, pero sabemos que es imposible porque te fuiste sin querer. Con amor, tus padres, hermanos, esposa, hijos, tíos y primos. 2-2-2001», dice una placa de metal en la cara superior. «Homenaje a Daniel Alejandro Sosa. Muerto el 2-2-2001», dice un mármol blanco en la cara frontal. «Ordenanza municipal HCD 100/2007. Comisión de Obras y Servicios Públicos. 25 de abril de 2007».

Grafiti con el escudo de la ACMdD y el rostro de Daniel Sosa a metros del lugar donde fue hallado el cadáver. San José y Pilcomayo, Aldo Bonzi.

—La pared de la fábrica tiene un grafiti hermoso de mi Negro con el logo de las Madres del Dolor; mientras yo viva va a estar —destaca Elsa—; no se tiene que olvidar; por todos los chicos de Aldo Bonzi; los que pasan cuando van y vienen de trabajar; como el ángel de la bicicleta [apodo de Pocho Lepratti, asistente social muerto por policías en la ciudad de Rosario también en 2001], Daniel es el ángel de Aldo Bonzi, un símbolo.

Desde 2009, Elsa acompaña a la familia de Luciano Nahuel Arruga, que tenía 16 años cuando desapareció tras ser detenido ilegalmente y torturado por policías en Lomas del Mirador, partido de La Matanza. Años después, el cuerpo fue hallado sin identificación en un cementerio público y un efectivo bonaerense fue condenado como responsable de los tormentos.

Desde 2011, la mamá de Daniel apoya a la familia de Eric Monti, ciudadano de Aldo Bonzi que tenía 23 años cuando fue atropellado y muerto en la vía pública por un conductor que circulaba a bordo de un Renault 19. El criminal permanece en el anonimato. Hasta hoy se ofrece recompensa por su identidad.

Igualmente en 2011, Elsa le pidió audiencia en persona a Hugo Moyano, el líder de la Confederación General del Trabajo, para contarle el caso de Daniel, sin resultado; fue durante un acto en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, en La Rural de Palermo.

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«Ya no se escuchan tus pasos en la casa… Yo ya no acompaño a alguien hasta la calle… Ya no estás, hijo mío…». Son palabras que Elsa Gómez publicó en la página de internet de las Madres del Dolor el 2 de febrero de 2009, al cumplirse ocho años del crimen. «Y repito día a día en mi mente… Que el amor es el único vínculo que la muerte no derrota… Te quiero… Tu mamá».

Daniel Sosa con meses de vida.

«Hola hijo, no tengo, no hay palabras…», escribió Elsa allí mismo el 2 de febrero de 2012. «Te cuento hoy, cuando vos estabas para llegar a este mundo… ¡Qué dolor!! Pero hijo mío, en segundos todo, todo, se convirtió en satisfacción y alegría… ¿Sabes por qué? Te había dado la vida. Hoy, hijo mío, tengo un dolor que no tiene consuelo, no tiene final… ¿Por qué, hijo mío, por qué te quitaron la vida? ¡No olvido, no perdono!».

—Nosotras siempre decimos que mil años es poco, pero nos conformamos con lo que les den —aclara la mamá de Daniel—; solamente para que estén presos; lo que pedimos no es por venganza; pena de muerte no; porque con la muerte se olvida todo; queremos que estén en la cárcel con comida y remedios; que cierren los ojos y vean barrotes, que abran los ojos y vean barrotes.

«Querido Negrito mío, los años van pasando y yo los voy contando», difundió Elsa en la web de la ACMdD el 2 de febrero de 2014. «Trece años que llegó el dolor a la familia… Trece años de angustia y la dificultad para comprender la injusticia de tu crimen. Querido Negrito mío, te amo y extraño tanto. Querido Negrito mío, cada día… cada hora te pienso… ¡Pero resisto!!!».

«Por amor a mi hijo Daniel, yo, Elsa Gómez, su madre, seguiré caminando…», publicó la mujer por la misma vía un año después. «Seguiré denunciando y luchando por los jóvenes que a diario salen a trabajar y se cruzan con estos demonios. Una noche tibia y estrellada partiste; mi mente me dice que volverás, pero mi alma sabe que no regresarás hijo mío… Mamá».

«Décimas, segundos, minutos, horas, días, meses, años», escribió la madre del Negro en simultáneo en su cuenta personal de Facebook. «No hay palabras, hijo mío… Solo queda mi espera. No olvido. No perdono».

—Tengo cuatro hijos, diez nietos y nueve bisnietos —se consuela Elsa, contando a la víctima del crimen—; los nietos son: tres de Omar, dos de Daniel, tres de Amelia y dos de María de los Ángeles.

En 2015, la protagonista de este relato volvió a sufrir la muerte violenta de un ser querido, asimismo en Aldo Bonzi. Leonel Cristopher Rojas Sosa, un sobrino nieto de 20 años, fue embestido por un auto. Sucedió cuando la víctima salía en moto de su casa. El conductor, un hombre mayor, luego del impacto dio contra un garaje. «El automovilista venía a alta velocidad y chocó a Leonel, quien quedó abajo del vehículo», dijo David Berstein, abogado de la familia de la víctima; «en base a la imprudencia» ocurrió la tragedia, opinó, anticipando el dictamen judicial. «El conductor debía circular a 20 kilómetros por hora y cederle el paso».

Ramón Aníbal Olivera, condenado por el crimen.

«¡De la justicia divina no se salva nadie!», tituló Elsa en la página de la ACMdD tras la muerte de Ramón Olivera, ocurrida en 2016 por causas naturales y en prisión domiciliaria. «Después de 15 años, digo que primero fue la justicia del hombre que condena a Ramón Aníbal Olivera a 18 años de cárcel por haber asesinado a mi hijo Daniel Alejandro Sosa. Hoy la justicia de Dios, que siempre estuvo a mi lado, da la tranquilidad a mis hijos y a toda mi familia. Un asesino menos».

«El amor es el único vínculo que la muerte no derrota», escribió ella en el mismo espacio al cumplirse dos décadas del crimen. «El 2 de febrero de 2001 fuiste asesinado por un policía… Se cumplen 20 años de tu injusta partida… 20 años de no poder verte ni escucharte; aunque no te fuiste por completo, siempre estás presente. Dejaste algo de vos en tus hijos, sobrinos y nietos. Es increíble, pero tu ausencia duele como el primer día, sabemos que Dios necesitaba un ángel… No porque seas vos, pero ¡qué lindo ángel eligió! Te amamos y extrañamos cada instante de estos 20 años.»

«Vuelvo a dar las gracias a todos, familia y barrio de Aldo Bonzi», dijo Elsa días más tarde en su cuenta de Facebook con motivo del fallecimiento trágico de Roque Olivera. «Después de 20 años buscando Justicia por mi hijo Daniel Alejandro Sosa, asesinado el 2-2-2001 en la calle San Jose y Pilcomayo por Roque, David y su padre Ramón. Caminé y demostré que mi hijo fue asesinado en manos de la fuerza. Ayer al mediodía su asesino Roque Olivera, quien conducía su moto por la autopista Cañuelas, se estrelló contra un camión. Todo vuelve.»

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Cartel con el rostro de Daniel Sosa en la Entrada de los Perros, Aldo Bonzi.

Quienes ingresan en el presente por la Entrada de los Perros divisan en primera instancia, a la izquierda, el Centro de Adiestramiento y Crianza de Canes de la Policía Bonaerense, una edificación de una planta rodeada de un parque con alambrado olímpico. El medio kilómetro desierto de viviendas hasta el puente ferroviario que cruza la senda está perfumado con el aroma de pinos, eucaliptos, paraísos, palmeras y cañaverales. A la derecha se ven la alambrada y los caballos del centro de equinoterapia para personas con discapacidad. El zumbido del tránsito de la autopista, el ladrido de los perros y el relincho de los caballos son los únicos sonidos que alteran la quietud. Igualmente a la derecha, en uno de los sucesivos troncos de palmera del tendido eléctrico, a dos metros de altura, hay un cartel blanco. Es una afiche de elaboración casera con una cobertura plástica; tiene una foto color y una inscripción en letras negras; la imagen es el rostro del hijo de Elsa Gómez y la leyenda recuerda: «2-2-2001; Daniel Alejandro Sosa; víctima de gatillo fácil; Aldo Bonzi».

Fuentes

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia define así la voz gatillo fácil: «La propensión, por parte de quien habitualmente porta armas, a disparar sin que exista causa que justifique la acción».

El Cambridge Dictionary de Inglaterra dice algo similar sobre trigger-happy: «Someone who is trigger-happy often uses his or her gun, shooting with very little reason» (alguien que es gatillo feliz/alegre/fácil con frecuencia usa su arma disparando por muy pequeña razón).

Las frases de Rodolfo Walsh salieron en el semanario CGT entre 1968 y 1969, y en la recopilación póstuma El violento oficio de escribir (pp. 296, 301 y 306).

La Correpi agrega lo siguiente sobre el concepto de gatillo fácil: «desde fines de los 80 en sentido estricto refiere solo a los fusilamientos y ejecuciones policiales, generalmente enmascarados como enfrentamientos, cuyas víctimas son, casi siempre, jóvenes pobres» («Gatillo fácil…», Correpidifusion.blogspot.com.ar).

La caracterización del último Gobierno militar parte de estas palabras de Rapoport y Spiguel: «El 24 de marzo de 1976 se implantó la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, la más sangrienta de la historia argentina» (p. 198).

El dato de que la Bonaerense es el escuadrón más numeroso después de las Fuerzas Armadas salió en la prensa (Kollmann, Raúl…, 26/8/2012).

Las cifras de la Correpi sobre el gatillo fácil y otros crímenes estatales aparecen en su Archivo 2020.

«Maldita Policía» fue el título de tapa de la revista Noticias con cobertura de Dutil y Ragendorfer (10/8/1996), autores luego del libro La Bonaerense (1997).

La referencia sobre el caso AMIA se apoya en la prensa (por ejemplo: «Un buen…», Página 12).

El caso Cabezas está en el libro de Balmaceda y Fernández Llorente (pp. 82 y 127), y en los periódicos (por caso: Kollmann, Raúl…, 13/2/2009).

La respuesta de Ruckauf a Elsa Gómez fue recordada por ella; las menciones sobre las polémicas que protagonizó el funcionario provienen de los periódicos («La seguridad…», Clarín —la idea de meter bala—, y Sagasti, Ramiro…, La Nación —los cinco sueldos—).

La reunión de Juan Pablo Cafiero con la mamá de Daniel, dentro de un grupo de familiares de víctimas, por un lado, y el acto por el Día de la Madre de 2003 en la Plaza de Mayo, por otro, fueron referidos por ella.

Las declaraciones de Solá, Cafiero y Bogoliuck sobre la piratería del asfalto más la mención de personajes detenidos y algunas estadísticas fueron reproducidas por la prensa (Morosi, Pablo…, La Nación).

El lanzamiento del Programa Nacional de Lucha Contra la Impunidad se apoya en el testimonio de Elsa y las demás Madres del Dolor; asimismo, en los diarios (por ejemplo: Rodríguez, Carlos…, 5/11/2003).

La marcha liderada por la mamá del Negro antes del juicio de su hijo fue descripta por ella; también fue mencionada en las noticias («La matanza…», El Cronista).

La referencia sobre el Centro Bonaerense de Protección de los Derechos de la Víctima fue completada con Linares, Lavezzari, Mac Donnald y Oñativia; y con la prensa («Integrantes del…», Agencia Nova).

El reclamo por Sandra Cabrera en Rosario apareció en los periódicos («Pedido de…», Página 12).

La comunicación telefónica de Felipe Solá fue recordada por Elsa; la protesta por el caso de Macarena está asimismo en los diarios («Convocan a…», Clarín).

El caso de Miguel Eduardo Cardozo fue completado con la prensa («Arrestan a…», Clarín.com).

Las anécdotas con Scioli y Slokar fueron dichas por la mamá del Negro; además, la reunión con el primero fue noticia («Scioli recibió…», Parlamentario.com).

La conversación con Hugo Moyano en la feria del libro fue igualmente contada por Elsa Gómez.

La frase del monolito de homenaje que dice «asesinado en este mismo lugar», aclara Elsa Gómez, debería decir «hallado muerto en este mismo lugar».

También están en las publicaciones periodísticas los casos de Luciano Arruga («Condenan a…», Clarín), Eric Monti («Nueve años…», Apbah.com.ar) y Leonel Cristopher Rojas («Aldo Bonzi…, El1digital.com.ar).

Bibliografía

Libros

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Dutil, Carlos, y Ragendorfer, Ricardo. La Bonaerense. Historia criminal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Planeta, Buenos Aires,1997.

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Academia

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Santamaría, Rosana ¡Justicia a la Justicia! Estudio etnográfico sobre los reclamos de justicia de la Asociación Civil Madres del Dolor. Tesis de Maestría en Antropología Social. Universidad Nacional de San Martín, Argentina, 2014.

Trincheri, Marcela Inés. Las concepciones de derechos humanos que subyacen en las praxis de las organizaciones de familiares de víctimas de la violencia institucional surgidas en democracia. Tesis de Maestría en Derechos Humanos. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad Nacional de La Plata, Argentina, 2013.

Documentos

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Prensa

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«Aldo Bonzi: realizaron un mural en homenaje a una víctima de accidente de tránsito». El1digital.com.ar, Buenos Aires, 25/3/2015.

«Arrestan a dos policías acusados de fusilar a un chico de 15 años en San Justo». Clarín, Buenos Aires, 29/5/2006.

«Condenan a diez años de cárcel a un policía por torturar a Luciano Arruga». Clarín, Buenos Aires, 15/5/2015.

«Convocan a una marcha por el asesinato de la nena de Avellaneda». Clarín, Buenos Aires, 14/3/2005.

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«Pedido de justicia por el crimen de Sandra». Página 12, Buenos Aires, 6/2/2004.

Rodríguez, Carlos. «Es obligación purificar las fuerzas policiales». Página 12, Buenos Aires, 5/11/2003.

Sagasti, Ramiro. «Cada vez hay más inocentes muertos por balas policiales». La Nación, Buenos Aires, 3/4/2001.

«Scioli recibió a familiares de víctimas». Parlamentario.com, Buenos Aires, 8/10/2007).

«Un buen muchacho». Página 12, Buenos Aires, 1°/9/2001.

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Poema

«¿Qué hará María? En la tierra / ya no se arraiga su vida. / ¿Dónde irá? Su pecho encierra / tan honda y vivaz herida, / tanta congoja y pasión, / que para ella es infecundo / todo consuelo del mundo, / burla horrible su contento, / su compasión un tormento, / su sonrisa una irrisión».

Estos versos del poema La cautiva, de Esteban Echeverría, rinden homenaje a todas las mujeres que padecen la violencia ejercida sobre ellas y los suyos. Las heroínas de la presente crónica fueron mujeres, ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Citas y signos

La forma de reproducir los dichos de otros suele cambiar con los autores, los géneros y las tradiciones. Por eso, quizás sea útil explicitar el criterio aplicado en esta narración, que involucra dos signos ortográficos:

  1. El guion de diálogo o raya (—): Acompaña las declaraciones recogidas personalmente; esto quiere decir, producto del contacto del autor (también podría ser un colaborador suyo) con alguien; sea cara a cara o mediante algún sistema de comunicación, como por ejemplo el teléfono o internet. Estas citas son directas cuando refieren palabras del propio entrevistado e indirectas cuando reproducen los dichos de alguien contados por un tercero. Una función alternativa de la raya en la presente crónica es encerrar conceptos u oraciones aclaratorios.
  2. La comilla («): Se ha aplicado en las alocuciones extraídas de distintos registros materiales. La bibliografía anexa propone estas categorías: libros, academia, documentos, prensa, internet y audiovisual. Es el único cometido de la comilla en la historia.
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