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El mundo productivo «roto» por la pandemia

En la historia de cómo se construyó el mundo moderno, Toyota se destaca como el cerebro maestro de un monumental avance en materia de eficiencia industrial. La automotriz japonesa fue pionera del sistema de producción llamado “justo a tiempo”. Según este mecanismo, las partes recién son enviadas a las plantas de ensamblaje cuando son solicitadas, reduciendo al máximo la necesidad de acopiarlas. Hace medio siglo que ese método de producción rige en los negocios globales, y no solo en la industria automotriz.

Pero el 2020 dejó expuestas las debilidades de esa optimización de los inventarios, y muchos temen que las industrias hayan ido demasiado lejos y sean demasiado vulnerables a cualquier disrupción en la cadena global de suministros.

Tormenta en el mundo productivo

Como la pandemia limitó la capacidad operativa de las fábricas y dejó sumido en el caos el transporte internacional de suministros, muchas economías empezaron a sufrir escasez de una amplia variedad de productos, desde electrónicos hasta madera o vestimenta. Ahora que la economía global está patas para arriba. Por ende, el “justo a tiempo” está llegando tarde.

Según Willy C. Shih, experto en comercio internacional de la Escuela de Negocios de Harvard, la cadena global de suministros «se volvió loca. En la carrera para reducir los costos al máximo, concentraron los riesgos al máximo, y estamos frente a la conclusión lógica de ese proceso.”

Y el ejemplo más contundente de ese exceso de confianza en el circuito productivo en el “justo a tiempo” es la misma industria que lo inventó: las automotrices vienen sufriendo escasez de chips de computadora, un componente vital de los autos que se fabrica casi íntegramente en Asia. Sin esos chips, las fábricas de autos, desde Estados Unidos y Brasil hasta la India, se vieron forzadas a frenar sus líneas de montaje.

La amplitud, profundidad y persistencia de esos desabastecimientos revela hasta qué punto el “justo a tiempo” llegó a dominar el comercio mundial.

Problemas más allá de los autos

Los problemas del «justo a tiempo» están trascendiendo al negocio automotor. Por caso, Nike y otras marcas de indumentaria están teniendo problemas para abastecer de productos sus locales minoristas. También es una de las causas de la dificultad que enfrentan las constructoras para conseguir impermeabilizantes y pintura. Y contribuyó trágicamente a la falta de insumos de protección personal para el personal de salud al principio de la pandemia, que dejó sin equipo adecuado los trabajadores de la primera línea de fuego.

El porqué del «justo a tiempo»

La aparición del “justo a tiempo” fue ni más ni menos que una revolución en el mundo de los negocios. Al mantener un inventario acotado, las grandes cadenas minoristas pudieron usar el espacio libre para exhibir una mayor variedad de productos.

El “justo a tiempo” también permite que los fabricantes personalicen sus productos. Y esa producción ajustada a la demanda también redujo significativamente los costos, y al mismo tiempo ha permitido que las empresas pasen rápidamente de fabricar un producto a otro.

Esas virtudes han hecho crecer el valor de las empresas, alentaron la innovación y fomentar el comercio, y garantizan que el sistema “justo a tiempo” conservará su vigencia y su fuerza cuando amaine la crisis actual.

Sin embargo, la escasez y el desabastecimiento obligan a preguntarse si algunas empresas no han ido demasiado lejos para maximizar sus ganancias recortando sus inventarios. El mecanismo salvador se transformó en un ancla que frena su capacidad de adaptabilidad.

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