¿Qué hará María?

¿Qué hará María? (episodio 8)

Las heroínas de esta crónica fueron mujeres, ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Por Lucio Casarini (cronista) y Daniela Díaz Arz (ilustradora)

«Hemos tenido que adoptar una medida transitoria de limitación a la extracción de dinero en efectivo», dijo Domingo Felipe Cavallo por cadena nacional desde la sala de prensa del Ministerio de Economía, sentado frente al micrófono, con el entrecejo levemente fruncido, los ojos azules combinados con el traje del mismo color, corbata bordó y camisa celeste, algo volcado hacia adelante sobre la mesa y con las palmas de las manos abiertas, como alguien que va a aplaudir, para ilustrar el plazo que establecía el decreto 1570. «Solo se podrá hacer, durante este período de 90 días, por cifras de 250 pesos semanales», agregó el calvo ministro de Hacienda ese 2 de diciembre de 2001, admitiendo con la escasa distancia entre las yemas del pulgar y el índice de su mano derecha la insignificante cifra que podrían retirar los ahorristas y anunciando, en definitiva, la vigencia del corralito bancario. «Los enemigos de la Argentina son los buitres», concluyó, «los llamados fondos buitre».

Los días 19 y 20 de diciembre de 2001 sumaron 38 civiles muertos en manos de las fuerzas estatales.

El objetivo técnico de la norma era frenar una fuga incontenible de depósitos. El efecto colateral fue una rebelión popular desaforada que con consignas histéricas como «que se vayan todos» repudió una política que había desembocado en una catástrofe social.

A fines de 2001, un tercio de los trabajadores estaba desempleado o subocupado, una fracción algo superior del país había caído en la pobreza y uno de cada diez habitantes se encontraba en la indigencia. Estas cifras, aunque calamitosas, suponían únicamente la antesala del abismo. La situación tocaría fondo en 2002, cuando los índices alcanzarían los máximos históricos: dos de cada cinco trabajadores desempleados o subocupados, tres de cada cinco argentinos sumidos en la pobreza y uno de cada dos de esos pobres en la indigencia.

El presidente Fernando de la Rúa, al firmar el decreto 1570, reconoció tácitamente la bancarrota del Estado que administraba y el fracaso del mandato que había iniciado el 10 de diciembre de 1999, y ejecutó un haraquiri político que surtiría efecto tres semanas después, el 19 y el 20 de diciembre. Esos días, los cacerolazos masivos, los saqueos a los supermercados y los 38 muertos que dejó la represión gubernamental en todo el territorio argentino obligaron al mandatario a renunciar y huir de la Casa Rosada en helicóptero.

Las dos semanas siguientes, hasta el 2 de enero de 2002, el bastón presidencial cambiaría de manos cuatro veces, todas hacia miembros del Partido Justicialista, opositor de la Alianza que había llevado a De la Rúa al poder. Fue una vorágine inaudita, de cinco jefes de Estado en 14 días. El 20 de diciembre se hizo cargo del Poder Ejecutivo el titular de la Cámara de Senadores, Ramón Puerta, que convocó a la Asamblea Legislativa. El 23 de diciembre juró el gobernador de San Luis, Adolfo Rodríguez Saá, que resistió una semana, hasta el 30 de diciembre. A continuación tomó la posta el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, que volvió a llamar a la Asamblea Legislativa. El 2 de enero asumió el quinto de estos hombres, el senador Eduardo Duhalde, exgobernador bonaerense y segundo candidato con mayor cantidad de votos en los comicios de 1999.

En abril de 2003, tras más de un año de mandato interino de Duhalde, la renuncia de Carlos Saúl Menem a la segunda vuelta electoral le otorgó el triunfo a otro peronista, el hasta entonces gobernador santacruceño Néstor Kirchner, que el 25 de mayo siguiente juró como jefe de Estado. El patagónico se convirtió en el presidente llegado al poder con menor apoyo comicial de la historia argentina, pues obtuvo el 22 por ciento de los sufragios. Menem alcanzó en esa votación el 24 por ciento. El riojano, hecho asombroso, había sido primer mandatario entre 1989 y 1999, durante la década enrevesada que un año y pico antes habían denostado quienes clamaron fuera expelido De la Rúa.

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Elvira Torres, Elsa Gómez, Matías Bagnato, Marta Canillas, Silvia Irigaray, Nora Iglesias, Isabel Yaconis y Viviam Perrone, de la Asociación Civil Madres del Dolor.

En medio de aquella anarquía, el 29 de diciembre de 2001, ocurrió la abominación en la que Juan de Dios Velaztiqui fusiló a Maximiliano Tasca, Cristian Gómez y Adrián Matassa. «Un custodio mató a tres chicos por festejar», tituló el diario Página 12. «Tres muchachos de Floresta fueron al maxikiosco en el que paraban siempre», desarrolla la bajada. «Justo pasaban en televisión la escena en que un policía era apaleado en Plaza de Mayo. Hicieron una broma y el custodio los acribilló».

Para calmar a los vecinos, Roberto Giacomino, jefe de la Policía Federal, removió la cúpula de la seccional 43, integrada por el comisario Juan Carlos Fernández y los subcomisarios Carlos Norberto Sixto y Miguel Ángel García. El tercero es el mismo que estuvo en el escenario la madrugada del horror.

En ese contexto de rebeldía popular, todo parecía posible; por ejemplo, la toma de la sede policial. Sin embargo, ningún pronóstico violento se cumplió; los 22 reclamos sucesivos que lideraron los familiares fueron tan concurridos y murgueros como sosegados.

El movimiento piquetero, que había nacido a principios de la década de 1990 y aglutinado progresivamente la creciente masa de desocupados, era en esa época uno de los mayores grupos de presión de la Argentina. Con el corte de calles y rutas, su método de protesta, llegó a paralizar la ciudad de Buenos Aires e incluso estremecer el endeble mandato interino de Duhalde. El pico de tensión se produjo a mediados de 2002, cuando otro Maximiliano, de apellido Kosteki, de 21 años, y Darío Santillán, de 22, fueron fusilados por policías bonaerenses frente a las cámaras fotográficas de la prensa durante una protesta en el Puente Pueyrredón, que une la Capital Federal y el sur del Conurbano. Este nuevo baño de sangre, provocado igualmente por excesos de las fuerzas estatales contra civiles inocuos, terminó de debilitar la estampa presidencial, todavía malherida tras la abdicación de De la Rúa. Por consiguiente, Duhalde tuvo que privarse de las siguientes elecciones.

Silvia Fredes, Silvia Irigaray, Marta Canillas, Viviam Perrone, Elvira Torres, Isabel Yaconis y Nora Iglesias, de la Asociación Civil Madres del Dolor.

Algo más de un mes antes de los comicios que llevarían a Kirchner a la Casa Rosada, en marzo de 2003, los miembros del tribunal dictaron la cadena perpetua para Juan de Dios Velaztiqui, que previo a la lectura del veredicto habló por única vez en todo el proceso.

«Agradezco la labor del equipo de defensores oficiales por la asistencia que me brindaron; en 33 años de servicio me he considerado un simple oficial de la justicia, como simple agente de la Policía; nunca ha pasado por mi mente la idea de actuar con alevosía contra cualquier ser humano, cualquiera sea su condición; pido perdón a Dios todopoderoso, a mi esposa, a mis hijos, nuera y yernos, a mis nietos, a mis hermanos y a todos mis seres queridos y a la Policía Federal Argentina, a sus hombres y mujeres íntegros, por mi fracaso y desgracia; pido perdón a todo hombre y mujer de mi patria, a quienes haya entristecido por mi desgraciada y fracasada actuación», dijo el criminal antes de ser tapado por el griterío ensordecedor de los parientes de los muertos y numerosos allegados, enardecidos ante los disparates y el elocuente silencio respecto de Cristian, Maximiliano y Adrián contenidos en la escueta declaración.

«¡Ni Dios, ni la patria, ni la p…. que te p… te van a perdonar!», se desahogó Silvia Irigaray, que se encontraba sentada a metros del asesino múltiple. “Ahora mi hijo va a empezar a descansar en paz”, suspiraría después del fallo.

«Le pidió perdón a Dios, le pidió perdón a la familia, le pidió perdón a la Policía», dijo Angélica Matassa, mamá de Adrián; «a nosotros no nos pidió perdón».

«Sufrió un trastorno mental transitorio, tal vez por la muerte del padre en un intento de robo», había alegado Mariano Maciel, defensor oficial de Velaztiqui, ante el tribunal; «había estado casado durante 43 años; su hijo decidió elegir la carrera del padre; tiene seis nietos; con los hechos ocurridos se autodestruyó».

«Gracias a el no pudimos tener los seis nietos que el tiene», respondió Elvira Torres, presente en el juicio junto a los otros deudos. «También destruyó a nuestros hijos», agregó Omar Tasca, «y a nosotros».

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Silvia Irigaray y Elvira Torres compartieron al mes siguiente, en abril de 2003, un multitudinario reclamo por otra presa de la violencia, esta vez en el barrio porteño de Núñez. Isabel y José Yaconis, los padres de Lucila, una chica de 16 años asesinada durante un intento de violación, lideraban su primer reclamo de justicia. Las demás futuras pioneras de la Asociación Civil Madres del Dolor también participaron de la marcha.

A fin de año, Elvira, Silvia y otras ulteriores iniciadoras de la ACMdD presenciaron una nueva disculpa pública, ahora de Eduardo Prados, siguiente jefe de la Policía Federal, en el Ministerio de Justicia de la Nación. Este descargo, a diferencia del de Velaztiqui, sonó más creíble y sensato, e incluyó a los damnificados: «Les pido perdón a ustedes, que son los familiares de las víctimas de la violencia policial; yo los entiendo, porque también soy padre y sé que lo que han sufrido es irreparable».

Juan de Dios Velaztiqui, con anteojos negros, durante el juicio, 2003.

Alrededor de un año más tarde, el 10 de diciembre de 2004, se produjo el nacimiento formal de la Asociación Civil Madres del Dolor, con Silvia y Elvira dentro del grupo de fundadoras, en las funciones de secretaria y protesorera, respectivamente.

—Mi lucha y mi trabajo es lo que me mantiene viva, todos los días homenajeo a Maxi haciendo lo que hago —se empeña Silvia—; dentro de mí hay una voz que solo yo interpreto y que es la de mi hijo; él me está pidiendo que siga adelante y que siga con alegría; yo ahora no soy Silvia, soy la mamá de Maxi; antes de la masacre, cuando veía a otras madres que perdían a sus hijos, decía: si me pasa a mí, me muero atrás de él; Maxi con su muerte parió a una mamá luchadora; había una Silvia que estaba como oculta y que ni yo misma sabía que existía.

—Cristian es mi primer y mi último pensamiento —dice Elvira—; el asesinato fue un momento terrible, uno queda aturdido; durante largo tiempo me quedaba mirando la puerta, esperando que mi hijo entre, que llegue a casa; el dolor de la ausencia es bien grande y cada vez lo siento más, apenas me levanto a la mañana; yo digo que estoy como muerta en vida, para mí se me fue la vida con mi hijo; sin embargo, el me da fuerzas para seguir —concluye—; es una paradoja horrible, que lleve el nombre de Dios —agrega sobre el asesino.

—En cierta forma, uno siente que ya no pertenece más a este mundo, te morís un poco con tu hijo —se resigna Omar Tasca, un hombre de contextura esbelta, cabeza calva rosada y ojos verdes, en un homenaje para las víctimas realizado en el barrio—; creo que la búsqueda de justicia para Maxi y todos los chicos hizo que los familiares volviéramos a vivir.

«Yo pienso que lo tengo afuera paseando, que se fue de vacaciones y todas las noches le digo: hasta mañana, hijo mío, hasta mañana, hijito», contó el Chato, papá de Cristian; «hace tantos días, tanto tiempo que no te veo, hijo, que tengo unas ganas de verte».

«Me dieron una cruz de cinco toneladas para arrastrar hasta el día que me muera», se angustió Enrique Matassa, papá de Adrián; «así que no lo puedo soportar; no tengo, digamos, consuelo alguno; esta cruz que me dieron no se la deseo al enemigo más grande de la vida».

«Yo preguntaba antes por qué las personas cuando se les mueren dejan todo tal cual», dijo Angélica Matassa, la mamá; «ahora las comprendo; porque estamos esperándolos; es la única forma que tenemos de esperarlos; los estamos esperando siempre».

«Vine a dejarle al auto a papá», saludó Adrián Matassa a su progenitora, a horas de la tragedia, en el último diálogo con un familiar; «bueno, vieja, chau».

—Quedate tranquila, viejita, a los 30 te prometo que me pongo las pilas, pero mientras tanto dejame disfrutar la vida —le replicó Cristian Gómez a Elvira días antes del horror, en respuesta a un sermón maternal.

«Mami, te quiero», dice el mensaje de Maxi Tasca escrito en un papel que Silvia encontró sobre la mesa esa noche, «pero acordate de comprarme bananas».

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Homenajes a las víctimas de la masacre de Floresta en el estadio del Club Atlético All Boys.

El monumento Los Chicos de Floresta – Sucesos 2001 fue instalado al cumplirse tres años del drama, en 2004, en la Plaza de la Victoria, a cuadras de la estación de servicio. Es una creación conjunta de las escultoras María Claudia Martínez, habitante del barrio, y Verónica García. La obra incluye cuatro gigantes antropomórficos de hierro y piezas de arcilla, con tres metros y medio de altura. Tres de ellos, de pie, simbolizan a Maximiliano, Cristian y Adrián —y a cualquier víctima—; el restante, de rodillas y con los brazos extendidos, alude a las madres dolientes.

María Claudia Martínez retrató además a Silvia Irigaray y Elvira Torres en su colección Mujeres de Floresta, presentada en 2016. El conjunto se compone de ocho estatuas de cemento que honran a vecinas insignes. Son imágenes realistas de cuerpo entero y tamaño algo inferior al natural; la idea es montarlas igualmente en el espacio público.

El homenaje inicial fue el de los numerosos grafitis de aerosol negro que el mismo día del horror maquillaron los muros y las vidrieras del bar: «Maxi, Gallego, Adrián», «justicia», «maldita puta Policía», «asesinos». El arte de protesta se expandió luego a los rincones más excéntricos de la zona. «Se pueden cortar las flores, pero no se puede frenar la primavera. Cristian, Maxi y Adrián presentes!», decía la cortina metálica de un taller mecánico, junto a los rostros improvisados de los tres pibes, que se volvieron un emblema barrial. Los murales pictóricos realizados en la Plaza Údine, el Corralón —un espacio cultural— y la Escuela República de Perú son protagonizados, asimismo, por las tres caras.

Monumento Los chicos de Floresta – Sucesos 2001, plaza de Gaona y Gualeguaychú.

Elvira Torres y Silvia Irigaray sostienen un volante de los chicos. Detrás, la figura del monumento que representa a las madres dolientes.

Monolito en homenaje de las víctimas (primer plano) y collage de fotos colocado en la vidriera del bar (segundo plano).

«No te olvides de los pibes fusilados en Floresta; Cristian, Maxi, Adrián; 29-12-2001», dice un cartel colocado en el estadio del Club Atlético All Boys.

El primer recuerdo perdurable de la tragedia es un cuadro tipo collage con decenas de fotos hecho por los familiares y expuesto en la vidriera del bar. La esquina de la estación está adornada con un monolito coronado por una cúpula de cristal en forma de pirámide. Esta contiene una Virgen de Luján y retratos de las víctimas. En el piso hay una placa metálica y un baldosón cerámico por la memoria; el último es una tradición en casos de violencia institucional.

«Mirando sin querer / sin más culpa que estar», empieza la canción El oficial, publicada en 2006 por la banda uruguaya No Te Va Gustar. «No llegaban los tres a 26 / y en el bar / viendo a su país morir», continúa la letra, que es una descripción de la masacre; «basta, gritó el chacal / y sin clemencia les disparó / uno por uno / y los arrastró / a la calle de los pies», narra; «el ritmo de las balas / sigue marcando el compás».

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La justicia ordenó en 2010 que el Estado indemnizara a las familias de Cristian, Maxi y Adrián: «La diligencia exigible, sobre todo si se trata de una institución como la Policía Federal, por la índole de las funciones cumplidas por sus integrantes, no se agota en la elección de su personal, sino que también le incumbe el estricto control de su desempeño y conducta, aún más si se tiene en cuenta que a sus agentes les hace entrega de un arma».

Silvia Irigaray participó en 2011, en nombre de la ACMdD, de dos acontecimientos de trascendencia internacional que le permitieron en cierta forma encarnar la misión de su hijo asesinado como mediador de paz. Primero fue recibida en la Casa Rosada por la presidenta Cristina Kirchner y su par brasileña Dilma Rouseff junto con representantes de otras entidades civiles; entre estas, las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo. Luego, la mamá de Maxi participó en San José de Costa Rica del Curso Interdisciplinario en Derechos Humanos, Justicia y Seguridad, Derechos de las Víctimas y Función Policial.

Silvia Irigaray saluda al papa Francisco en Roma, 2013; junto a ella está Betty Ledesma, amiga inseparable de la mamá de Maxi.

—Cuando hacés algo calma tu dolor; cuando calmes tu dolor seguí adelante, luchá por lo que te queda, luchá por lo que ha nacido en vos —estimuló Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, a Silvia en 2002, tras una misa realizada en Floresta. —Qué bien lo que están haciendo, qué gran trabajo que están llevando a cabo —le dijo el mismo personaje, ahora convertido en el papa Francisco, en 2013 en la Plaza de San Pedro del Vaticano, mientras su mano izquierda tomaba el prendedor con el escudo de la ACMdD que ella le obsequió. —Quería preguntarle si llegó bien de regreso a Argentina —la saludó el pontífice por teléfono días más tarde. —Puse el broche que me regaló en mi altar personal en Santa Marta [hogar de Bergoglio en Roma].

A pesar del anticipado repudio de los allegados de las víctimas del triple crimen, en 2012, Juan de Dios Velaztiqui, entonces de 72 años, obtuvo el beneficio de la cárcel domiciliaria, previsto para los condenados que tienen más de 70 o padecen una enfermedad de carácter incurable en período terminal. Inmediatamente, el homicida se mudó a la casa de una hija en el partido bonaerense de Berazategui. Poco después, los vecinos denunciaron que el hombre violaba su encierro.

Afiche repartido en Berazategui, zona del arresto domiciliario de Juan de Dios Velaztiqui.

El 29 de diciembre siguiente, al cumplirse 11 años de la masacre de Floresta, los familiares de Cristian, Maximiliano y Adrián lideraron una caravana pacífica en el barrio del arresto. Sin detenerse en la vivienda que habita el condenado, el grupo recorrió la zona con banderas y carteles, al ritmo de una ruidosa comparsa, y entregó a los vecinos miles de afiches. Estos, de fondo negro, tienen fotos del asesino y las víctimas, con un marco de líneas diagonales rojas en señal de peligro. El texto intercala frases blancas y coloradas. «¡Alerta!; en Berazategui; Velaztiqui; el 29-12-2001 mató a tres jóvenes; ahora tiene arresto domiciliario; denúncielo; si lo ve por la calle llame al 4953-3412, 4953-3482; Asociación Civil Madres del Dolor; memoria para sus víctimas».

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Un indicio geográfico que contextualiza el drama es la proximidad de dos de los centros clandestinos de detención más infernales de la última dictadura. Al sur de la estación de servicio, a nueve cuadras, queda el predio en que funcionó Automotores Orletti, un enclave del Plan Cóndor coordinado por los Gobiernos militares de Argentina, Chile, Brasil, Uruguay, Bolivia, Perú, Ecuador y Paraguay. Allí fueron encerradas y torturadas cientos de personas, muchas de las cuales permanecen desaparecidas. Simultáneamente, al suroeste, a quince cuadras de la YPF, están los galpones de El Olimpo, que ostenta un récord atroz de eficacia criminal: del casi millar de víctimas que habría pasado por allí, solo se conoce el paradero de medio centenar.

Adriana Leonor Tasca, prima de Omar, el papá de Maxi, y su pareja Gaspar Onofre Casado permanecen desaparecidos desde 1977. Ambos tenían 22 años, militaban en la Juventud Peronista y vivían en La Plata. Ella estaba embarazada. El bebé fue entregado ilegalmente por un oficial de las Fuerzas Armadas a un matrimonio extraño. Sebastián José Casado Tasca, así se llama hoy aquel niño, supo su identidad en 2006 mediante un estudio genético. Por su parte, María Segunda Casado, una hermana de Gaspar, y su marido Pedro Arturo Frías están desaparecidos desde 1978. Tenían 24 y 30 años, pertenecían asimismo a la Juventud Peronista y vivían en la ciudad de Azul. Ella estaba igualmente embarazada. El bebé es un desaparecido más.

Un dato peculiar suplementario de la masacre de Floresta, también de naturaleza geográfica, es el hecho de que los pibes vivían muy cerca del escenario. Maxi Tasca a algo más de cuatro cuadras, Cristian Gómez a cien metros y Adrián Matassa casi enfrente. Los familiares de los muertos coinciden en que parece inimaginable que esos jóvenes de clase media, hijos de trabajadores y comerciantes del barrio, se expusieran ante el vecindario provocando abiertamente a un policía. En contraparte, puede ser que Juan de Dios Velaztiqui, que era prácticamente un recién llegado para la zona, ignorara que sus blancos habían crecido transitando la vereda en la que arrojó brutalmente dos de sus cadáveres. De saberlo, quizás se hubiera abstenido de dispararles.

—Aunque nunca se habían dirigido la palabra mutuamente, Velaztiqui conocía muy bien a los chicos —contesta Sandra Bravo—, que eran clientes recontra habituales y jamás buscaron problemas, para nada.

«La teoría de la hipoglucemia», dijo la periodista Diana Gagliano sobre otra virtual coartada del homicida, «que el tenía diabetes y bueno, por ese motivo había tenido un desfasaje y se produce el cortocircuito, fue totalmente desterrada con las declaraciones de Sandra [Bravo] y el famoso helado y la Coca Cola que el toma minutos antes de fusilar a los chicos, con lo cual queda claro que no tenía ningún ataque de hipoglucemia».

«El presunto episodio [de hipoglucemia] no tuvo la jerarquía suficiente para provocar un grave trastorno de la conciencia», consideró Juan Carlos Romi, psiquiatra y médico forense, «habida cuenta que no perdió el conocimiento ni tuvo conductas de inacción, como sería de esperar; por lo contrario, realizó en el momento del hecho que se le imputa conductas explícitas o manifiestas donde la coordinación psicomotora fue evidente».

«Velaztiqui está dentro de la normalidad psíquica y neurólogica», diagnosticó Marta Castelli Perkins, psicóloga forense; «no se detectan secuelas traumáticas en referencia al fallecimiento de su padre; nunca recibió tratamiento psiquiátrico ni psicológico antes de cometer el crimen y jamás fue internado por problemas mentales».

«Los monstruos existen, pero son demasiado pocos para ser realmente peligrosos; más peligrosos son los hombres comunes», recitó Alberto Vicente Donner hijo, neurólogo forense, usando palabras de Primo Levi, el escritor italiano sobreviviente del Holocausto; «Velaztiqui sí pudo comprender la criminalidad del acto y sí pudo dirigir sus acciones; sus facultades mentales se encuadran dentro de la normalidad jurídica».

Fuentes

La escena de Domingo Cavallo (Cadena Nacional, 2/12/2001) fue vista en el archivo de Canal 9.

La panorámica de pobreza y desempleo en los años 2001 y 2002 está en el libro de Di Matteo (pp. 85-98) y el estudio de Palomino (cap. 1). La cronología desde la salida de Fernando De la Rúa en 2001 hasta la asunción de Néstor Kirchner en 2003 puede verse, por caso, en Di Matteo (pp. 115-129) y Pandolfo (pp. 159-187).

Los libros de Ruiz (p. 176), Schuster/Pereyra (p. 46) y Kohan (p. 97) ilustran igualmente el marco.

En los diarios aparece la remoción de la cúpula de la Comisaría 43 («Relevan a…», Clarín), la presencia del subcomisario García la noche del horror («Intento de…», Clarín: «el subcomisario Miguel Ángel García […] fue el primer policía que llegó al lugar») y la del subcomisario Sixto en la represión posterior (Abiad, Pablo…, Clarín: «el subcomisario Carlos Norberto Sixto trató de convencer a los vecinos de que Velaztiqui ya no estaba ahí»).

En las noticias están también la seudodisculpa de Velaztiqui, («‘Pido perdón…'». El Día), la respuesta instantánea de Silvia Irigaray (ídem), el alegato de Mariano Maciel («Piden que…». La Nación), y las réplicas respectivas de Elvira Torres y Omar Tasca (ídem).

El caso de Kosteki y Santillán es desarrollado con exhaustividad en el libro de Hendler/Rey/Pacheco.

Los testimonios del Chato Gómez y los Matassa fueron tomados del documental de Ceballos.

Asimismo en la prensa están el reclamo por Lucila Yaconis («La caminata…». La Nación) y la disculpa pública de Eduardo Prados («El jefe…». La Nación).

La escultura Los chicos de Floresta fue aprobada mediante una norma porteña (ley 1.440/2004). El monolito fue declarado patrimonio cultural del barrio (ley 28.075/2013) por iniciativa de María Karina Spalla, legisladora de la ciudad y vecina de Floresta.

Andrea Conde, asimismo legisladora porteña, presentó un proyecto para instalar las ocho creaciones de la colección Mujeres de Floresta en la cercana Plaza Monte Castro. El concepto de la obra es explicado en el libro homónimo de María Claudia Martínez.

La indemnización para los familiares de las víctimas fue confirmada en 2012 por la Corte Suprema de Justicia de la Nación («El Estado…», Diario Popular).

La prensa registró igualmente las visitas de Silvia Irigaray a la Casa Rosada —con Cristina Kirchner y Dilma Rouseff— («Los derechos…», La Nación) y Costa Rica («‘Todos tenemos…», Mundofloresta.com).

Los dichos de Jorge Bergoglio como arzobispo y luego como Papa fueron recordados por Silvia.

La prisión domiciliaria para Velaztiqui y la caravana pacífica en el barrio del arresto están también en las noticias («Le concedieron…», Télam).

Elvira Torres y Silvia Irigaray conservan ejemplares del afiche distribuido en Berazategui.

La mamá de Maxi es redactora asidua de cartas para la prensa. La primera salió después de la condena del asesino («No esperen…», Página 12). Las posteriores se han difundido en su mayoría en el sitio de la ACMdD (por ejemplo: «Cuando el…», 6/12/2010; «Tomás con…», 10/12/2012; «Maxi, murguero…», 12/2/2013; «Hijo, no…», 2/8/2013; «Maxi ¿Cómo…?, 4/8/2018; «Del dolor…», 30/5/2019; «Reivindicar pacíficamente…», 3/6/2020) y Clarín («¿Má, qué…», 5/1/2014; «Querido Maxi…», 4/8/2014; «Una respuesta…», 17/12/2017; «Al donar…», 2/6/2018; «Tenía 25…», 7/8/2020; «‘Maxi donó…'», 30/5/2021).

La síntesis sobre El Olimpo, Automotores Orletti y las víctimas de la dictadura vinculadas a la familia Tasca se funda en algunos sitios de internet (Abuelas.org.ar, Argentina.gob.ar, Desaparecidos.org).

La frase de Gagliano está en el documental de Ceballos. Las citas de Romi, Castelli Perkins y Donner están en la causa y son noticia (Rodríguez, Carlos. «Hoy es…», Página 12).

Bibliografía

Libros

Calzado, Mercedes Celina. Inseguros: El rol de los medios y la respuesta política frente a la violencia de Blumberg a hoy. Aguilar, Buenos Aires, 2015.

De Vecchi, Cecilia. En tu nombre. Dunken, Buenos Aires, 2015.

Di Matteo, Lucio. El Corralito. Así se gestó la mayor estafa de la historia argentina. Sudamericana, Buenos Aires, 2011.

Hendler, Ariel; Rey, Juan; y Pacheco, Mariano. Darío Santillán. El militante que puso el cuerpo. Planeta, Buenos Aires, 2012.

Irigaray, Silvia. Huellas. Después de la muerte de un hijo. Planeta, Buenos Aires, 2017.

Kohan, Aníbal. A las calles! Una historia de los movimientos piqueteros y cacerolazos de los 90 al 2002. Colihue, Buenos Aires, 2003.

Pandolfo, Gabriel. Néstor. El presidente militante. Aguilar, Buenos Aires, 2011.

Rebollar, Alicia Irene. Mucho más que dolor y lazos de sangre. El activismo de las víctimas en la Asociación Madres del Dolor. Dunken, Buenos Aires, 2019.

Ruiz, Miguel Ángel. Utopías cotidianas. Dunken, Buenos Aires, 2005.

Schuster, Federico; y Pereyra, Sebastián. La protesta social en la Argentina democrática. En Giancarra, N, y Bidaseca, K (Eds.). La protesta social en la Argentina. Alianza, Buenos Aires, 2001.

Academia

Denissen, Marieke. Winning small battles, losing the war. Police violence, the Movimientodel Dolor and democracy in postauthoritarian Argentina. PhD thesis in Social Sciences. Utrecht University, The Nederlands, 2008.

Irigaray, Silvia. El triple crimen de Floresta. XXIX Curso Interdisciplinario en Derechos Humanos: Justicia y Seguridad, Derechos de las Víctimas y Función Policial. Instituto Interamericano de Derechos Humanos, San José de Costa Rica, 2011.

Palomino, Héctor. Pobreza y desempleo en la Argentina. Problemática de una nueva configuración social. Centro de Estudios de la Situación y Perspectivas de la Argentina. Facultad de Ciencias Económicas, Universidad de Buenos Aires, 12/2003.

Documentos

Causa 110135/2001. Velaztiqui, Juan de Dios s/homicidio simple. Damnificado: Gómez, Cristian Alfredo y otros. Juzgado Nacional en los Criminal y Correccional 25. Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional 13. CABA, sentencia del 10/3/2003.

Decreto 1570/2001. Restricciones para las entidades financieras. Poder Ejecutivo. República Argentina. Boletín Oficial 29787, 3/12/2001.

Ley 1.440/2004. Escultura Los chicos de Floresta – Sucesos 2001. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Boletín Oficial 2038, 4/10/2004.

Ley 28.075/2013. Declárase patrimonio cultural del barrio de Floresta el monolito sito en Gaona y Bahía Blanca. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Boletín Oficial 4324, 23/1/2014.

Prensa

Abiad, Pablo. «Un policía retirado discutió con tres jóvenes y los mató a tiros». Clarín, Buenos Aires, 30/12/2001.

«El Estado deberá indemnizar a familias de la Masacre de Floresta». Diario Popular, Buenos Aires, 5/6/2012.

«El jefe de la Federal se disculpó por los excesos de la Policía». La Nación, Buenos Aires, 20/11/2003.

«‘Intento de asalto. Gaona y Bahía Blanca. Maté a tres'». Clarín, Buenos Aires, 26/2/2003.

Irigaray, Silvia. «Al donar los órganos de Maxi sentí que mi hijo se convertía en héroe». Clarín, Buenos Aires, 2/6/2018.

——————. «Cuando el Diablo se disfrazó de Dios». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 6/12/2010.

——————. «Del dolor al amor». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 30/5/2019.

——————. «Hijo, no te dejaron cumplir años». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 2/8/2013.

——————. «¿Má, qué les pedirás a los Reyes?» Clarín, Buenos Aires, 5/1/2014.

——————. «Maxi ¿Cómo te va hijo?». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 4/8/2018.

——————. «‘Maxi donó sus órganos y eso me ayudó a no derrumbarme de tristeza'». Clarín, Buenos Aires, 30/5/2021.

——————. «Maxi, murguero de Floresta». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 12/2/2013.

——————. «No esperen la tragedia». Página 12, Buenos Aires, 24/2/2003.

——————. «Querido Maxi, vos y yo, siempre conectados». Clarín, Buenos Aires, 4/8/2014.

——————. «Reivindicar pacíficamente». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 3/6/2020.

——————. «Tenía 25 años y muchos proyectos». Clarín, Buenos Aires, 7/8/2020.

——————. «Tomás con sus ocho años aprende a luchar con alegría». Madresdeldolor.org.ar, Buenos Aires, 10/12/2012.

——————. «Una respuesta urgente a la muerte con el reflejo de la vida». Clarín, Buenos Aires, 17/12/2017.

«La caminata solidaria, organizada por la Red Solidaria». La Nación, Buenos Aires, 24/4/2003.

«Le concedieron el arresto domiciliario al ex policía que cometió la masacre de Floresta». Télam, Buenos Aires, 5/8/2012. En Télam.com.ar.

«Los derechos humanos, en la agenda». La Nación, Buenos Aires, 31/1/2011.

«Piden que Velaztiqui sea absuelto porque estaba shockeado». La Nación, Buenos Aires, 7/3/2003.

«‘Pido perdón a Dios, mi familia y a la Policía Federal'». El Día, La Plata, 11/3/2003.

Piotto, Alba. «Ahora no tengo miedo, tengo bronca porque los mato por nada». Clarín, Buenos Aires, 20/2/2002.

«Relevan a toda la cúpula de la comisaría del barrio». Clarín, Buenos Aires, 31/12/2001.

Rodríguez, Carlos. «Arma para un torturador retirado». Página 12, Buenos Aires, 24/2/2003.

——————. «El día menos imaginado para un policía». Página 12, Buenos Aires, 11/3/2003.

——————. «El policía que terminó reciclado». Página 12, Buenos Aires, 11/3/2003.

——————. «Hoy es el juicio por los chicos de Floresta». Página 12, Buenos Aires, 24/2/2003.

——————. «Ni Dios amansó al sargento». Página 12, Buenos Aires, 6/1/2002.

——————. «¿Por qué me mataste a los chicos?». Página 12, Buenos Aires, 25/2/2003.

——————. «Un custodio mató a tres chicos por festejar». Página 12, Buenos Aires, 30/12/2001.

«‘Todos tenemos un Derecho muy importante y es el derecho a la Felicidad'». Mundofloresta.com, Buenos Aires, 28/8/2011.

«Una indemnización por la masacre de Floresta». Página 12, Buenos Aires, 16/6/2011.

Audiovisual

Cadena Nacional, 2/12/2001. En «Crisis 2001: 10 años del Corralito».  Duro de domar. Canal 9. 2/12/2011.

Ceballos, Diego. Fusilados en Floresta. Ancho Camino Films, Buenos Aires, 2006.

Internet

 Abuelas.org.ar

Argentina.gob.ar

Desaparecidos.org

Facebook.com/Madresdeldolor

Madresdeldolor.org.ar

Twitter.com/Madresdeldolor

Wikipedia.org/Masacre de Floresta

 Poema

¿Qué hará María? En la tierra / ya no se arraiga su vida / ¿Dónde irá? Su pecho encierra / tan honda y vivaz herida / tanta congoja y pasión / que para ella es infecundo / todo consuelo del mundo / burla horrible su contento / su compasión un tormento / su sonrisa una irrisión.

Estos versos del poema La cautiva, de Esteban Echeverría, rinden homenaje a las mujeres que padecen la violencia ejercida sobre ellas y los suyos. Las heroínas de la presente crónica fueron ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Citas y signos

La forma de reproducir los dichos de otros suele cambiar con los autores, los géneros y las tradiciones. Por eso, quizás sea útil explicitar el criterio aplicado en esta narración, que involucra dos signos ortográficos:

  1. El guión de diálogo o raya (—): Acompaña las declaraciones recogidas personalmente; esto quiere decir, producto del contacto del autor (también podría ser un colaborador suyo) con alguien; sea cara a cara o mediante algún sistema de comunicación, como por ejemplo el teléfono o internet. Estas citas son directas cuando refieren palabras del propio entrevistado e indirectas cuando reproducen los dichos de alguien contados por un tercero. Una función alternativa de la raya en la presente crónica es encerrar conceptos u oraciones aclaratorios.
  2. La comilla («): Se ha aplicado en las alocuciones extraídas de distintos registros materiales. La bibliografía anexa propone estas categorías: libros, academia, documentos, prensa, internet y audiovisual. Es el único cometido de la comilla en la historia.
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