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América Latina ya levantó los muros que Donald Trump promete alzar

Uno de los pronunciamientos del candidato presidencial republicano que más polémica levantó es una realidad en miles de nuevos barrios latinoamericanos, que se construyen con altas paredes perimetrales que separan ricos de pobres.

María García Arenales en el sitio Sputnik despliega un muy interesante artículo en donde contrasta el estado actual de debate sobre los muros que promueve levantar el polémico candidato presidencial por el Partido Republicano de los Estados Unidos, Donald Trump, con la realidad de decenas de miles de barrios cerrados en América Latina, construido detrás de muros de seguridad que buscan apagar el miedo a la inseguridad, generalizado en la región.
Arenales señala:

Una de las estampas más habituales en las ciudades de América Latina es la de los muros que separan los barrios ricos de los pobres, un patrón de segregación socioespacial que se ha dado en las últimas décadas, mucho antes de que el candidato republicano Donald Trump propusiera blindar la frontera entre México y EEUU.

En esa línea, el director de la oficina regional de ONU-Habitat para América Latina y el Caribe, Nóvosti Elkin Velásquez, sentencia:

«Hemos desarrollado ciudades compartimentadas donde segregamos los diferentes usos del suelo, pero también donde, en parte acompañado por las políticas de vivienda, se han segregado los barrios, a veces con muros físicos y otras con muros invisibles y eso responde al modelo de urbanización prevaleciente en los últimos 40 o 50 años. Actualmente la mayor parte de las ciudades latinoamericanas, con excepción de las cubanas, han desarrollado ese patrón de segregación socioespecial».

Otro especialista citado en el artículo de Sputnik es Marcelo Pérez, profesor adjunto en la Universidad de la República en Uruguay:

«La construcción de muros y barrios privados está ligada a la «obsesión generalizada que existe con la seguridad en la región. Se va construyendo una idea en torno a la inseguridad más allá de lo real y eso da lugar a urbanizaciones cerradas, barrios privados, a partir de los años 80 se empieza a dar sobre todo en México, Venezuela y Brasil, y más hacia los años 90, en Argentina y Uruguay, donde tiene una fuerte expansión. Se trata de un producto inmobiliario muy tentador para el mercado. Existe una industria de la inseguridad «en la que se incluyen alarmas, guardias y rejas, entre otros elementos, que genera mucho dinero».

Como señala la periodista María García Arenales, «la separación es una realidad en las grandes metrópolis de Perú, Argentina o Brasil, entre otros países».

Así, en Río de Janeiro se han levantado muros de hormigón para limitar el crecimiento de las favelas que se encuentran en las colinas de la ciudad, mientras que en Sao Paulo, el barrio rico de Morumbi linda con Paraisópolis, una especie de laberinto con cerca de 14.000 viviendas precarias.
En Buenos Aires una malla de acero separa La Recoleta, uno de los barrios más caros de la capital argentina, de la villa 31, un asentamiento lleno de casas de chapa y ladrillo donde se estiman que viven unas 40.000 personas.
Otro ejemplo más se da en Lima, donde un muro de 10 kilómetros de concreto y alambre de espino separan la lujosa urbanización Las Casuarinas de una de las zonas más pobres: Pamplona Alta.
En otras ciudades de la región en lugar de muros se construyen avenidas para separar estas zonas, como ocurre en Caracas, donde la autopista Francisco Fajardo divide el barrio pobre de Petare de una lujosa zona de la capital venezolana.
Lo mismo ocurre en uno de los destinos turísticos más famosos de América Latina, Punta del Este en Uruguay: allí las humildes viviendas del asentamiento Kennedy se sitúan al lado del exclusivo club de golf.

Ante este panorama, cabe preguntarse cómo cambiar esta realidad de muros, separaciones, discriminaciones y temores. En este sentido, una de las propuestas es el uso mixto del suelo y evitar transformar tierra rural en urbana, sin más:

«Hay una tendencia a la especulación en la conversión de áreas rurales en áreas urbanas en las zonas periféricas de las ciudades (latinoamericanas). Los barrios tienen que ser mixtos en los usos del suelo, combinar actividades comerciales con las residenciales», indicó Velásquez. director de la oficina regional de ONU-Habitat para la región.

El experto citó como ejemplos de esta tarea a México y a Chile. Ambos países como las ciudades de Lima y Quito, están trabajando en la recuperación de sus centros históricos, además de Medellín, que está llevando a cabo un urbanismo social tratando de mejorar las condiciones de los barrios no formales.
fuente: Suptnik

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Director de Voz por Vos. Locutor, periodista y docente. Conductor de "Ventana Abierta", lunes a viernes de 12 a 14 (FM Milenium -FM 106.7-). Columnista de temas sociales en Radio Ciudad y docente en la escuela de periodismo ETER.
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