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"Pibes chorros, gatillo fácil": Las dos verdades de una mentira

El debate por la exposición pública de un menor delincuente y los casos de violencia policial contra los menores revela la vulnerabilidad social a la que se exponen los niños y adolescentes que divagan en una sociedad que los excluye, reprime y asesina.
… y seguimos hablando de ellos, de los pibes, de su vulnerabilidad ante la vida. De la expulsión que hacemos de ellos a una existencia de adversidad y de dolor. Como ya dijimos en este espacio, chicos que nacieron y, con suerte, se criaron en una familia a los ponchazos, o directamente se criaron sin ellas.
Estamos en la era de los problemas sociales por falta de familias acordes a la sociedad que anhelamos tener. Ya no es una sociedad que lastima y que presiona a esa capa protectora que era justamente el núcleo familiar, como nosotros lo conocimos.  Esa sociedad que agrede ya carcomió ese caparazón y llegó a la yugular de los más indefensos.

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En esta semana que pasó al menos tres casos de gatillo fácil se juntaron con horas de diferencia no más para salir al cruce de la polémica por el pibe chorro de Lanús. Ese chico despertó un debate encendido de tono y explosivo en acusaciones entre un famoso periodista y un militante social de ascendencia católica. La discusión a viva voz y a puro insulto no hizo más que poner en un segundo plano el drama de nuestros pibes. Nos quedamos con el cotillón y relegamos la discusión sobre qué hacer con estos pibes.
Algunas preguntas provocadoras podrían ser: ¿Cuántos son los pibes chorros? ¿Son muchos o son pocos? ¿Es un drama generalizado o focalizado?
Si es que les importa la respuesta, en términos de números, digamos que el porcentaje de delincuencia juvenil es infinitamente bajo. Por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires, según un informe de Consejo de la Magistratura porteño, de 175 homicidios registrados en 2015 solo 1 caso fue cometido por un menor de 16 años. En tanto, 10 casos fueron atribuidos a adolescentes entre 16 y 18 años (el 5,7% del total).
En la provincia de Buenos Aires, según estadísticas de la Procuración general de la Suprema Corte de Justicia, durante el 2015 se iniciaron 26.798 causas contra menores de 18 años, de las cuales 126 corresponden a homicidios dolosos, o sea menos del 0,5 % del total.
Indudablemente, estamos ante un problema cualitativo más que cuantitativo. No nos enfrentamos a una avalancha de pibes chorros dispuestos a robarnos y matarnos. De todos modos, el fenómeno merece atención.
Sin dudas, estamos ante un cuadro de vulnerabilidad social evidente de los adolescentes y niños. ¿Pero el problema radica exclusivamente en estos chicos? La respuesta es no. ¿Estamos hablando de un contexto social que los empuja a la marginalidad? La respuesta es sí pero, como dijimos antes, con el agravante de que hay un contexto de degradación familiar que poco puede hacer antes esta situación. ¿O será que la caída en desgracia de la institución «familia» es la que propicia esta sociedad de hostilidades para todos y todas, para grandes y chicos? No estamos en condiciones de responder esta pregunta y tampoco lo queremos intentar, al menos por ahora.

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Fíjense lo que sucedió en el transcurso de esta semana, solo en un par de días, con tres casos que involucraron a chicos. Son tres casos en los que tres pibes fueron quienes recibieron balazos… y murieron.
Un de ellos es del de Cristian Toledo, de 25 años. Lo llamaban «El Paragüita». Los vecinos de Barracas lo conocían en la villa 21-24 por trabajar en la ferretería del barrio. Un bombero de la Policía de la Ciudad lo mató tras perseguirlos en su auto. Las circunstancias de un intento de robo no quedan claras, como lo señaló el bombero, quien continúa detenido.
El otro episodio es del de Rodrigo Alejandro Correa. Un policía que dijo estar con su novia en el auto, argumentó que le disparó al joven cuando se encontraba con amigos, en un supuesto intento de robo. La Gendarmería no encontró ningún armar y este policía está complicado en la investigación.
Y el tercer caso en José C Paz. Un policía mató a un menor. El efectivo dijo que lo quisieron robar. La investigación está abierta, con la sospecha de que se trata de un nuevo caso de gatillo fácil.

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Todo depende en qué lugar se quiera poner la mirada. Si en los pibes que roban y matan o en las fuerzas de seguridad, cuyos miembros siguen haciendo de su condición de agentes públicos un atributo de privilegio y de impunidad. Lo que nos queda claro es que los dos fenómenos son problemáticos. Pibes chorros y gatillo fácil son las dos caras de la misma moneda.
El problema no son los unos y los otros. El inconveniente es esta grieta, esta como otras que atravesó y padeció nuestra sociedad, que nos separa de manera maniquea. Reconocer que los pibes que delinquen son un problema no invalida el hecho de que todavía tenemos fuerzas de seguridad violentas, desbocadas, impunes.
La perversión de la grieta hace que no se pueda decir dos verdades al mismo tiempo. Si una es verdad la otra debe ser mentira. Es un mecanismo retórico absolutamente pernicioso. Incluso más prejuicios y perjudicial que la pos verdad, que impone una verdad aunque no lo sea, pero sin la necesidad de denostar otras verdades; en ella hay una carga emotiva que hace de esa verdad una que es sentimiento más que razón: se debe sentir y no razonar.
En cambio, en nuestra grieta criolla, el mecanismo es insidioso, expulsivo y descalificados del otro; con el condimento de nosotros, los medios, lugar en el que debatimos con carácter conmutativo. O discutimos sobre un tema o lo hacemos sobre el otro, difícilmente los dos al mismo tiempo. Los medios somos el ámbito en el que lamentablemente terminan se instalan las discusiones cuando no se pueden dar en los lugares institucionales que corresponden.
Cuando el panelismo mediático se hace de un debate seguramente alguien o algunos fracasaron (previamente) en su responsabilidad por solucionar esos problemas que nos duelen como sociedad.

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Director de Voz por Vos. Locutor, periodista y docente. Conductor de "Ventana Abierta", lunes a viernes de 12 a 14 (FM Milenium -FM 106.7-). Columnista de temas sociales en Radio Ciudad y docente en la escuela de periodismo ETER.
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