Historias

Carolina Isorni y Laura Coronel: «No saben cómo callarnos y amedrentarnos»

Piden justicia por sus hijos Franco Nicolás, de 23 años, y Mauro Ezequiel, de 22, asesinados por la policía de Santiago del Estero en cuarentena. «No nos queda otra que juntarnos como madres y salir a luchar juntas».

por Lucio Casarini

«Durante los últimos meses se han dado a conocer numerosos hechos de violencia y uso abusivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad en todo el país. Se difundieron públicamente imágenes, videos y testimonios de personas que fueron víctima de malos tratos, tratos degradantes, amenazas, abuso, uso excesivo de la fuerza e incluso el asesinato por parte de miembros de diferentes fuerzas de seguridad».

Amnistía Internacional inicia con este alegato su último diagnóstico sobre la Argentina, que lleva el siguiente título: El uso de la fuerza en el contexto de Covid-19. La violencia como respuesta del Estado.

Uno de los 30 casos fatales denunciados por este análisis de la organización con sede central en Londres es el de Mauro Ezequiel Coronel, de 22 años, torturado con salvajismo en la Comisaría Décima de la ciudad de Santiago del Estero.

«Inmediatamente después de la detención del joven [el 1° de mayo], su madre se dirigió a la comisaría, donde escuchó los gritos de Mauro mientras lo golpeaban. Esa misma madrugada fue ingresado por la policía en el hospital regional, sin avisar a sus familiares. El informe médico habría constatado lesiones en las vías respiratorias. Amnistía Internacional solicitó [por ahora sin resultado] información a las autoridades provinciales».

Uno de los indicios más aterradores y escandalosos de la tragedia es un video hecho con el teléfono móvil por alguno de los uniformados en un arrebato de sadismo. Es una filmación de menos de un minuto que se filtró a la prensa y está disponible en Internet.

Mauro aparece solo, de cuerpo entero, de pie y esposado a un poste como un animal en la penumbra del patio de la comisaría. Se encuentra descalzo, en calzoncillos y con una remera húmeda y sucia, quizás ensangrentada.

«¡Oficial, oficial, oficial!», repite desesperado el cautivo con una voz como de borrachera o mareo, que delata el efecto de la golpiza, mientras forcejea con su atadura. Sin cesar, se cubre la cara con un antebrazo, en un evidente reflejo para atajar nuevos posibles ataques.

En la misma ciudad de Santiago del Estero, algunas semanas después, el 24 de mayo, efectivos de la Comisaría Tercera se ensañaron con Franco Nicolás Isorni, de 23 años. La víctima sobrevivió y denunció por apremios ilegales a los agresores, que a continuación lo amenazaron de muerte.
Tres meses después, el 26 de agosto, Franco fue hallado sin vida con fractura de cráneo y degollado tras permanecer desaparecido varias horas. Antes de todo esto, según la familia Isorni, testigos lo vieron volcar dramáticamente a bordo de su moto mientras era hostigado por un vehículo de la Comisaría Tercera.

«No fue una muerte por violencia, sino por un cuadro infeccioso», dijo Marcelo Barbur, ministro de Gobierno, Seguridad y Culto de Santiago del Estero, sobre el caso Mauro Coronel.

«La junta médica indicó como causa de muerte una situación o circunstancia accidental», dijo Erika Leguizamón, coordinadora de la Unidad Fiscal de Abuso Sexual y Violencia Institucional de Santiago del Estero, sobre el caso Franco Isorni.

«Má, me están matando»

«Lo han torturado; en pleno invierno lo tenían atado en un poste, semimojado», denuncia Laura Coronel, mamá de Mauro. «Cuando lo detienen, lo golpearon en la cabeza, lo patearon. Me fui corriendo hasta la comisaría. Cuando llego, [escucho] el grito de mi hijo, [que se sintió en] todo el barrio Autonomía de aquí, de Santiago.»

El testimonio de la mujer discurrió en una teleconferencia abierta organizada por el Instituto Lebensohn Santiago del Estero a través de Zoom con este rótulo: La respuesta de los Poderes del Estado en casos de violencia institucional.

«Yo he visto como madre cómo lo tenían a mi hijo arrodillado golpeándolo; tengo demasiadas pruebas para que digan que no lo han torturado a mi hijo. Han dejado abierto, se me ha abierto la puerta; lo he visto a mi hijo arrodillado con una bolsa en la cabeza; lo pateaban entre cuatro policías y el comisario; le pateaban la cabeza, lo han reventado.»

«Ahí es donde mi hijo me escucha y me dice: ¡má, me están matando! No podía hacer nada, la policía me quería sacar, me quería quitar el celular porque yo he estado grabando los gritos de mi hijo, los pedidos de ayuda.»

«Hay policías que lo grababan; mientras lo tenían en un poste semidesnudo mojado lo grababan; un policía de adentro lo grababa; no sé por qué lo grababa».

«El padre de mi hijo fue en bicicleta hasta el hospital y lo ha visto golpeado, hinchado en una sala, con oxígeno. El vomitaba sangre, los coagulones de sangre vomitaba y el alcanzó a decir a su padre: ¡pá, no me dejes así nomás, la policía me pegó, ellos me han pegado!»

«Mi hijo estaba regolpeado; estaba rehinchada la cara de los golpes, los ojos no los podía abrir; le han reventado el hígado a golpes; el pulmón le han reventado también, porque el no podía respirar, se agarraba el estómago y vomitaba sangre».

«El lloraba en el hospital y me pedía que lo ayude, que cuide a mis nietos, a los hijos de el. Mi hijo no podía ni hablar, le faltaba el aire y así estaba en una sala. Me duele muchísimo, yo pido que me ayuden para que se esclarezca esto.»

«Lo han dejado morir en la sala, han hecho abandono de persona. Porque cuando yo me he ido ha sido la última vez que lo he visto, desde que lo han detenido un día viernes 1° de mayo, [tras] cuatro días de torturas, [estaba] tirado en una camilla, solo; ni lo han atendido.»

«Un medio de Santiago nos ha entrevistado, [pero] no ha pasado la nota porque primero [el periodista] nos había dicho que no hablemos de más, que corría riesgo su trabajo. Le dije: pero aquí se trata de la muerte de mi hijo, ¿usted es padre?; y el bajaba la cabeza.»

«El caso de mi hijo ha sido pasado en otras provincias. Un diputado de Catamarca siempre me habla, el ha salido a decir todo lo del caso de mi hijo. Después, de Córdoba, Salta ¿Por qué aquí en Santiago no lo han pasado? Porque ellos están sabiendo, están tapando todo.»

«Yo lo único que pido es justicia por mi hijo y que ustedes me ayuden a que salga todo lo que hemos estado declarando aquí sobre el caso de mi hijo, que la gente se entere».

«Aberración de aberración»

«Mi hijo muere de una fractura en la base del cráneo», dice Patricia Carolina Isorni, mamá de Franco; «no tan solo lo han matado, sino que en el afán de encubrir el homicidio lo han cortado después de muerto, lo han degollado».

Las palabras de Carolina se escucharon también en la teleconferencia del Instituto Lebensohn Santiago del Estero.

«Es algo, no sé, lo mejor que te ha pasado en la vida cuando nace tu hijo; yo jamás me voy a olvidar de la primera vez que lo he visto a mi hijo; y sin embargo ahora lo tengo que ver muerto, degollado».

«Lo que quieren hacer es doblegar a la nueva juventud, el futuro; ahora ellos ya directamente te tienen que matar. Yo vivía en una burbuja, no tenía idea de estos casos; sin embargo, ahora que ha pasado lo de Franco Nicolás es como que me he enterado de en qué tipo de sociedad estamos aquí en Santiago del Estero; te hacen vivir una mentira».

«Me ha hablado gente debido a esto de mi hijo; tengo un Facebook que se llama Patricia Carolina Isorni; gente que se acerca y comenta el tema de las torturas que sufren, cómo los detienen».

«En Santiago del Estero están haciendo las cosas mal. La misma Policía forma parte del narcotráfico, del tráfico de armas. Esto es una aberración de aberración de aberración.»

«Hay grupos de Whatsapp de policías que aprovechan todo esto de la pandemia para torturar a las personas que detienen; los torturan y después se pasan los videos y se ríen; así es entre comisarías; como que gozan torturando a la gente, hasta ese punto hemos llegado».

«La pandemia como que les ha dado luz verde para el abuso de autoridad, para las torturas, para quitar la vida, para matar a los jóvenes».

«A mí me ponen una camioneta blanca todas las noches; para aquí, frente a mi departamento; yo salgo y el policía que está en frente, hay seguridad con policía, me filma; filma quién sale de mi casa y quien entra; y me filma en la cara para que tenga miedo».

«A Laura [Coronel] la siguen; la siguen con motos; el otro día me dice: Caro, me están siguiendo; le digo: Laura, filmalos; me dice: cómo hago; le digo: filmalos y pasame el video, vamos a denunciar esto».

«Tenemos miedo por nuestras vidas y por las vidas de nuestros hijos. Igual que a ella [Laura], me quedan dos hijos más. El menor me decía: mamá, me sigue el móvil; no puede ir a andar en bicicleta con sus amigos porque lo sigue el móvil; hasta ese punto hemos llegado.»

«No saben cómo callarnos, amedrentarnos, disuadirnos para esta lucha. Pero cómo hacemos como madres para seguir viviendo sin haber luchado por nuestros hijos.»

«Porque soy pobre»

«Hay una persona del hospital que no quiere declarar a mi favor porque pierde el trabajo», dice Laura Coronel; «me ha agarrado, me ha dicho que mi hijo estaba destruido, pero no quiere declarar; que por los ojos y por todo le salía sangre; eso es porque le han reventado el hígado, los pulmones, lo han torturado hasta matarlo».

«Toda la gente que lo ha visto a Mauro [en el video] lloraba, porque es algo doloroso verlo ahí parado, atado, mojado, [con] semejante frío, en un día de invierno. Es algo vergonzoso; la verdad, yo no entiendo que no tengan corazón los policías; qué, no tienen hijos, para que hagan algo así.»

«Es una vergüenza lo que estamos pasando aquí en Santiago. Pido juicio político para la Erika Leguizamón, la fiscal del caso de mi hijo y de Franco Isorni.»

«Después que fallece mi hijo sale el señor [Marcelo] Barbur a decir que la muerte de mi hijo fue por neumonía; es una vergüenza, están tapando todo».

«No se imagina el dolor grande que tenemos; lo único que pido es justicia por mi hijo; le verdad, no me puedo explicar, porque lo han matado como un animal; ha sido muy torturado, ha sufrido muchísimo».

«Para que el descanse en paz, yo lo único que le pido a Dios es que la fiscal se ponga en el lugar de un madre; no pueden tapar algo así, no puede haber una muerte así. En esta pandemia nos estan cazando como animales.»

«Le pido a Dios que, si existe la justicia divina, vea cómo una madre llora por su hijo; porque yo lo he criado a mi hijo bien, el estudiaba, trabajaba».

«Yo lo único que pido como madre es justicia, que se esclarezca, que nos ayuden. Queremos luchar para que no vuelva a pasar esto, que lo que ha pasado con nuestros hijos no les pase a otras familias.»

«No nos queda otra que juntarnos como madres y salir a luchar juntas», dice Carolina Isorni. «Nos hemos organizado nueve familias que vamos a formar lo que se llama un comité contra la violencia institucional, va a tener el nombre de Frente de Lucha Contra la Injusticia y la Impunidad».

«Vamos a hacer una solicitud de juicio político. Va a ser una denuncia colectiva de la cual van a participar seis familias de las nueve que estamos planteando esto. Seis familias que vamos a denunciar a la fiscal Erika Leguizamón por mal desempeño de sus funciones, por entorpecimiento de las causas.»

«Nosotras, las madres, nos unimos porque no tenemos otra salida. No hay forma de expresar las cosas que estamos pasando. O sea, no somos seres humanos. Porque soy pobre tienen derecho de matarme, de matar a mis hijos.»

«La repetición de estos hechos de violencia policial y abuso de uso de la fuerza en todo el país», concluye el informe de Amnistía Internacional, «es de suma gravedad institucional y genera preocupación sobre el carácter violento y desmedido de la respuesta que brinda el Estado, de la mano de sus fuerzas de seguridad, al control y resolución de conflictos».

«Asimismo, preocupa especialmente que la mayoría de los casos relevados por Amnistía Internacional se produjeron en contextos de vulnerabilidad y/o pobreza. El ejercicio de las facultades de control de las fuerzas de seguridad no debe traducirse en el ensañamiento o disciplinamiento de personas o grupos que se encuentran en una situación de vulnerabilidad social.»

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