¿Qué hará María?

¿Qué hará María? (episodio 4)

Las heroínas de esta crónica fueron mujeres, ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Por Lucio Casarini (cronista) y Daniela Díaz Arz (ilustradora)

Los legajos judiciales del caso Marcela Brenda Iglesias, apilados uno sobre otro, alcanzan casi tres metros de alto, una medida que supera la de la escultura Elemento. Es una colección de decenas de cuerpos o libros que contienen miles de fojas —carillas de papel, en el lenguaje forense—. Tales expedientes son el resultado de tres años de investigación y doce de sumario contencioso. Hasta el cierre del pleito por el Estado argentino, los acusados efectuaron 117 planteos formales que reiteran como en una pesadilla, con variada asiduidad, una maraña de modismos burocráticos: pedido de nulidad, queja, juicio breve, suspensión, excepción, recusación, apelación, impugnación, recurso extraordinario, prescripción.

Marcela Brenda Iglesias.

«Los jueces deben dirigir los procesos y deben disponer límites para ciertas defensas que solo tienen la apariencia de tales», dijo en su fallo Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema, «porque están animadas de un propósito dilatorio, a fin de obtener la extinción del proceso por prescripción».

«Esta demora, que parece como incomprensible en vistas a la escasa complejidad probatoria del hecho», argumentó el procurador Esteban Righi al elevar el caso al máximo tribunal, «está impidiendo el derecho de los familiares de la víctima a saber la verdad de lo sucedido y a que se sancione a los eventuales responsables».

«Se debió lisa y llanamente a la actuación complaciente de los diferentes órganos de la institución judicial», dijo Marcelo Martínez Burgos, fiscal del caso, sobre la lentitud e ineficacia del proceso.

«Los defensores de los imputados hicieron de todo por entorpecer la causa», dijo Daniel Adalberto Stragá, abogado de los Iglesias en el nivel supranacional, «y los jueces les permitieron fácilmente esa dilación».

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La escultura Elemento al ser puesta en el escenario. Operarios municipales la bajan de un camión de la Dirección de Parques y Paseos (archivo del canal Todo Noticias).

Un mes después de la tragedia, el periodismo reprodujo en televisión un video que mostraba el traslado del gigante metálico que mató a la niña con un camión de la Dirección de Parques y Paseos Municipales. La filmación había sido hecha por un allegado de Danilo Danziger. Como consecuencia de esta y otras repercusiones, el escándalo ganó visibilidad nacional. Toda la Argentina se indignó con la muerte de Marcela, la niña de seis años aplastada por un monumento colocado de forma clandestina por capitalistas inescrupulosos con la complicidad de burócratas corruptos. De inmediato, el caso se metió en la campaña electoral para jefe de gobierno porteño. Días después de difundirse la película, los padres de la víctima y los Amigos del Lago de Palermo plantaron un jacarandá en el lugar con la ayuda de los aspirantes a reemplazar a Jorge Domínguez: Fernando de la Rúa, Gustavo Osvaldo Béliz, Norberto Luis Laporta, Fernando Bustelo y Luis Durán, algunos de los cuales tomaron la pala con sus propias manos.

 

Gustavo Béliz está de perfil y Fernando de la Rúa algo más lejos, al plantarse un jacarandá en el escenario, un mes después de la tragedia.

—Vine solo como vecino —se limitó a decir De la Rúa, lacónico e inexpresivo. Su escueta declaración y su talante contrastaron apreciablemente con las palabras y el tono de sus competidores, que hicieron un reclamo unánime y ferviente de justicia. Meses más tarde, a pesar de su inocultable apatía personal, De la Rúa triunfaría en los comicios, asumiría la jefatura de la ciudad y obtendría un impulso político que tres años después, en 1999, le permitiría convertirse en presidente argentino.

La tensión fue mayor días más tarde, cuando el juez de la causa, Luis Alberto Schlegel, lideró la reconstrucción del drama con la presencia de los familiares de las víctimas y allegados, los instructores María José Desimone y Pablo Rufino, y una veintena de peritos de la Policía Federal y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial. Una grúa trasladó la escultura y su base de la Comisaría 23 al escenario. Nueve hombres fueron necesarios para manipular la obra de arte, que repitió dos veces su estruendosa caída, esta vez sobre siluetas metálicas que ocupaban el sitio de las niñas.

Noticia de la reconstrucción liderada por el juez Schlegel. La foto muestra la escultura Elemento puesta de nuevo en el escenario (Página 12, 16/3/1996).

—Me hicieron quedar como un burro —les reprochó Schlegel a Nora y Eduardo Iglesias en su despacho a fines de 1996, después de que los padres de Marcela concedieran una entrevista televisiva al periodista Santo Biasatti que tuvo ingente resonancia. El matrimonio había dicho que la lentitud del sumario era anormal, que por ejemplo estaba pendiente tomarles declaración a los implicados y que la demora podía deberse a que Schlegel era un incapaz. La controversia provocó que la instancia superior, la cámara, presionara al magistrado, que súbitamente interrogó a doce sospechosos y ordenó seis procesamientos.

Diana Lowenstein y Danilo Danziger, guardadora y autor de la obra de arte, quedaron imputados por homicidio y lesiones culposos. Tres miembros de la policía municipal fueron señalados por idénticos cargos más la omisión de sus deberes como agentes estatales: Héctor Torea, abogado, director del cuerpo; Fernando Antonio Mazzitelli, responsable de inspecciones de rutina, segundo del anterior; y Juan Carlos Favale, jefe de la zona tres, subalterno de ambos. Un cuarto funcionario, Marco Pasinato —arquitecto, secretario de planeamiento urbano y medio ambiente— habría cometido abuso de autoridad: firmó un permiso trucho para Panter. Simultáneamente, fueron indagados Alfredo Lowenstein, Nelly Perazzo —coordinadora del evento que instaló las esculturas—, Liliana Bernaldo de Quirós —ejecutiva de Panter— y tres directores gubernamentales sospechados de incumplir sus obligaciones: Leonardo Juan Perrota —espacios verdes—, Raúl Rave —abogado, certificaciones y seguridad metropolitana— y Mauricio Sánchez —ingeniero industrial, fiscalización de obras y catastro—.

El mecanismo y sus engranajes estaban a la vista. Tomando en cuenta los desmesurados intereses estatales y privados en juego, y la desproporción entre estos y la prácticamente nula influencia política y económica de la familia de la víctima, para que el poder judicial hiciera su trabajo era necesario reclamar en la escena pública. En otros términos, era preciso que la tragedia de Marcela se volviera «un caso ejemplar», según la definición de la antropóloga social Alicia Irene Rebollar, analista destacada de la lucha de los Iglesias. En el instante en que Nora y Eduardo tomaron conciencia de esta lógica de los acontecimientos, comenzó a latir en ellos el germen de la futura Asociación Civil Madres del Dolor, una entidad que entonces ni siquiera imaginaban y que demoraría ocho años en hacerse una realidad palpable.

Al cumplirse el primer aniversario del drama, los padres de Marcela decidieron liderar una nueva conmemoración en el lugar del hecho; algo que reiterarían, desde entonces, cada temporada. En la oportunidad, los Amigos del Lago de Palermo inauguraron una placa de bronce con el nombre de la niña junto al jacarandá que la entidad había plantado en presencia de los candidatos para jefe de gobierno.

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—Si no aceptan plata ¿qué es lo que quieren? — gruñó una funcionaria judicial en 2000, mientras Nora y Eduardo salían de los tribunales. La autora de la provocación era la secretaria de María Susana Nocetti de Angeleri, nueva magistrada del caso. Acababa de producirse una vicisitud que podría considerarse definitoria; o sea, que permitiría dar el litigio por resuelto. Diana Lowenstein y Danilo Danziger habían reconocido abiertamente su responsabilidad en el deceso de Marcela Iglesias. Lo habían hecho con el fin de obtener un juicio a prueba de conducta o litigio breve, y una pena reducida. Además de la confesión, como prevé esta tipología procesal, habían ofrecido hacer trabajos comunitarios e indemnizar monetariamente a los perjudicados.

«Seguramente, sus abogados pedirán un juicio abreviado», había dicho Héctor Noli, representante legal de los querellantes, con antelación. «Eso sería reconocer la culpa y ya no habría más nada que discutir».

—Diremos que no a cualquier cifra —se incomodaron los Iglesias cuando, tras el rechazo, la señora Lowenstein subió tenuemente la apuesta económica, a la manera del regateo durante una subasta.

«La ley establece que para delitos que lleven implicadas penas de inhabilitación, como el homicidio culposo, no se puede otorgar la probation«, dijo el fiscal Marcelo Martínez Burgos mencionando el término específico en inglés que designa el juicio a prueba; «por eso fue negado ese beneficio a la galerista y al escultor».

Entre tanto, puertas adentro, los padres de Marcela continuaron el duelo. Se sentían perplejos, agraviados, aturdidos, mutilados. Tanto que recién en 2001 se atrevieron a regalar los numerosos juguetes de la niña, como le aconsejó a Nora un sacerdote amigo:

—Usted tiene que pensar que todo el cuarto donde están los chiches es el corazón de su hija y que cada pedacito del corazón de ella va a acompañar a un muñeco que va a ir a un chico que lo necesite —fueron las palabras del cura. Blancanieves y los siete enanitos, versión Walt Disney, se salvaron de la desgarradora limpieza que hizo el matrimonio porque estaban, ahí continúan, estampados sobre la cortina hasta el piso que cubre el ventanal de la habitación que ocupaba la niña.

Ese mismo 2001, la Argentina era un pandemonium que antes de fin de año provocaría la salida de Fernando de la Rúa de la presidencia. Días después de la renuncia del mandatario, el 29 de diciembre, un policía uniformado fusiló a Maximiliano Tasca, Cristian Gómez y Adrián Matassa, los dos primeros de 25 años y el tercero de 23. El episodio fue bautizado la masacre de Floresta, en alusión al barrio porteño en el que sucedió. Nora y Eduardo Iglesias, conmovidos por la noticia, se acercaron para participar del multitudinario reclamo que siguió al triple crimen. Liderando la marcha con otros familiares de las víctimas estaban Elvira Torres y Silvia Irigaray, mamás de Cristian y Maximiliano. Mezclada en la multitud, igual que los Iglesias, se encontraba Marta Canillas, para quien era imposible siquiera imaginar que su hijo Juan Manuel sería asesinado por secuestradores extorsivos al año siguiente.

Aunque en ese entonces ninguno de los nombrados estaba en condiciones de saberlo, se trata de la primera vez que cada uno coincidió en una protesta colectiva con otros de los futuros integrantes de la Asociación Civil Madres del Dolor. Hasta ese día, Elvira y Silvia se conocían solo como buenas vecinas del barrio y madres de Cristian y Maxi. Los Iglesias carecían de todo contacto previo tanto con ellas como con Marta. Esta última, por su parte, se encontraba en idéntica situación que los padres de Marcela. En los años siguientes, al mismo ritmo con que crecería implacable y constantemente el número de afectados por diferentes hechos de violencia, continuaría el proceso de generación espontánea que incubaría la entidad ciudadana.

Tarjeta repartida por los padres de Marcela con motivo de los 15 años de su hija en la puerta del Palacio de Tribunales, Ciudad de Buenos Aires, 2004.

La paulatina amalgama de estas y otras personas decantaría en 2004, cuando los Iglesias realizaron un singular homenaje por el cumpleaños número 15 de su hija. Junto a numerosos vecinos solidarios, el matrimonio se manifestó frente al Palacio de Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires y repartió entre los presentes claveles blancos y rojos acompañados de tarjetas de color rosado con un mensaje en letras cursivas: «Marcelita: hoy cumplirías 15 años; mirando al cielo, desde el corazón te decimos que el amor que sentimos por vos nos da toda la fortaleza necesaria y que seguiremos luchando sin cesar hasta conseguir justicia. Tus papás Nora y Eduardo». Con ellos estaban, entre otros, Silvia Irigaray, Elvira Torres y Marta Canillas. También Viviam Perrone, Elsa Gómez e Isabel Yaconis, que en el futuro completarían la lista de integrantes históricas de la Asociación Civil Madres del Dolor. Un mes y medio después, el 10 de diciembre, se produjo el nacimiento formal de la entidad de familiares de víctimas. Nora Iglesias, que colaboró desde el principio, se integró formalmente en 2006.

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Ese año 2006 empezó con el acto por el décimo aniversario de la muerte de Marcela. El habitual reclamo en el sitio de la tragedia fue acompañado por un centenar de personas. El mitín contó, en simultáneo, con la adhesión nominal de relevantes autoridades: Adolfo Pérez Esquivel, ganador del Nobel de la Paz; Nora Cortiñas y otras Madres de Plaza de Mayo; Eduardo Luis Duhalde, secretario de derechos humanos; y Eduardo Mondino, defensor del pueblo de la nación.

Panorámica del Paseo Marcela Brenda Iglesias (archivo familiar).

En 2007 se produjo una de las mayores victorias simbólicas de los Iglesias frente a la complicidad privada y estatal para ocultar el homicidio. La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en voto unánime, bautizó con el nombre de la hija de Nora y Eduardo el escenario de la iniquidad. De esta forma, nació el Paseo Marcela Brenda Iglesias, que abarca, por ambos flancos, a lo largo de 250 metros, las veredas y terrazas paralelas a ese sector del viaducto ferroviario, más la superficie del arco número siete, que comunica uno y otro margen. Tres años adicionales serían necesarios para que el texto de la norma se trasladara al terreno, al menos de manera informal. Los esposos lograron clavar un cartel de chapa de elaboración propia con la denominación en 2010, durante una ceremonia convocada por ellos y los Amigos del Lago de Palermo.

Nora (con la pala en la mano) y Eduardo Iglesias tras clavar el primer cartel con el nombre oficial del paseo, 2010.

Una noticia aciaga eclipsaría el comienzo de 2008. La Corte Suprema informó que había cerrado el caso tras declararlo «insustancial y carente de trascendencia». A pesar del abatimiento que sintieron, los Iglesias reaccionaron con entereza y en pocos meses completaron el sinfín de gestiones requerido para apelar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Otro evento considerable de 2008 fue la sanción de la ley porteña que creó la Plaza de Homenaje a las Víctimas del Holocausto-Shoá, que recuerda a los damnificados del nazismo. El nuevo ágora está pegado al Paseo Marcela Brenda Iglesias. Lo delimitan la Avenida del Libertador, las vías del Ferrocarril San Martín, la Avenida Freyre y los rieles del Ferrocarril Mitre. A partir de este hito, la comunidad hebrea quedó involucrada como un actor suplementario y sobresaliente en el reclamo por las usurpaciones en aquellos terrenos.

La Plaza de la Shoá contiene un muro alegórico integrado por 114 bloques de hormigón que representan a los muertos de los ataques a la embajada de Israel en Buenos Aires —1992, con 29 víctimas fatales y 242 heridos— y la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia) —1994, 85 fallecidos y más de 300 lastimados—. Cada piedra tiene impresa la huella de un objeto cotidiano de alguna víctima; entre tantos: un bastón, un chupete, una radio, un elemento de vajilla, una pieza de ropa.

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«Los inspectores determinaron que es ilegal, no puede estar habilitada una obra que ni siquiera inició los trámites de inscripción», dijo Eduardo Hulton, de la Agencia de Control Gubernamental porteña, en 2011. El funcionario señalaba la remodelación que la mismísima Panter SRL estaba comenzando en el lugar de la infamia. Estaba naciendo el futuro Polo Gastronómico Arcos de Buenos Aires: ni más ni menos que el antiguo Paseo de la Infanta reciclado y con otro nombre comercial. La denuncia de Hulton sugería que los virtuales responsables de copiosos ilícitos, incluido el homicidio de la niña, alguien en cuyo homenaje se habían bautizado oficialmente aquellas alamedas, volvían a la carga. Hasta entonces, desde tiempo después de la muerte de Marcela, el área conocida como bajo viaducto había permanecido vallada por parte del concesionario sin permiso estatal. Hoy funcionan allí locales de comida, bares, cafés, gimnasios y otros establecimientos, algunos de aura cosmopolita, que rebosan de público todo el año y a toda hora.

«Nadie acepta la idea de ofender la memoria de seis millones de personas vilmente asesinadas con el despacho de hamburguesas y sushi», ha protestado Sonia Berjman, historiadora del arte e impulsora de la Plaza de la Shoá. «Consulté con varias instituciones involucradas, legisladores, vecinos, gente de la cultura, los autores del proyecto ganador del monumento, los padres de Marcela», enumeró. «¿No hubiera sido más apropiado un centro cultural dedicado al tema del Holocausto y su difusión en la sociedad argentina y un espacio destinado a exponer la historia del Parque 3 de Febrero?».

«Vamos a analizar las condiciones del contrato y de qué forma llegaron al predio, porque la adjudicación no fue muy clara y fue directa «, comentó Ramón Lanús en 2016 como titular de la Agencia de Administración de Bienes del Estado, que depende de la Casa Rosada. «Estamos cumpliendo con el compromiso asumido cuando recuperamos este predio tan emblemático: iniciar una licitación abierta», dijo el mismo Lanús en 2019, al dar por terminada la concesión de Panter.

—El arco siete es lo más preocupante —dice Eduardo Iglesias—; tiene un generador de Edenor que ocupa buena parte de su espacio; casi la mitad; son veinte metros la extensión de lado a lado; es un peligro; llega a haber un problema eléctrico y vuela el ferrocarril; una tragedia podría provocar cientos de víctimas».

—Esa construcción con un generador eléctrico que pusieron ahí es un adefesio desde todo punto de vista —dice Osvaldo Guerrica Echevarría—; debe desaparecer; el arco debe quedar libre de forma urgente para que sirva de comunicación entre los dos lados.

La muerte de Danilo Danziger, ocurrida en 2013 por causas naturales, frustró la posibilidad de que el escultor, actor central del drama, diera su versión de lo ocurrido ante un tribunal. Dicen que el hombre quedó tan afectado por la tragedia que decidió dejar de exponer sus creaciones, al menos de forma individual.

—Ni a Danziger ni a ninguno de los responsables jamás les importó la muerte de nuestra hija —contesta Nora Iglesias—; el artista sugirió que las nenas estaban trepadas a la escultura, sin explicar cómo tres criaturas podían tirar abajo una mole de 270 kilos.

Dos creaciones del mismo autor, mellizas y homónimas de la que mató a la hija de Nora y Eduardo, están expuestas en coordenadas recónditas. Una, similar a la de la tragedia, puede contemplarse desde 1993 en el Paseo de las Esculturas de la ciudad bonaerense de Bahía Blanca. La otra, más espigada, de cuatro metros y medio de altura, luce desde 1995 en el Parque Sócrates de Esculturas de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Ambas están fuera de la zona de tránsito peatonal, aunque sobre el terreno y al alcance del público.

«En caso de no tomarse medidas podrían convertirse en potenciales peligros», han diagnosticado ingenieros de la Universidad Tecnológica Nacional sobre la obra de Danziger y otras del citado espacio de Bahía Blanca. «Garantizar su estabilidad verificando soldaduras, amarres y apoyos», recomendaron, además de «intervenciones que impidan en algunos casos el acceso».

 

 

 

Escultura de Danilo Danziger melliza y homónima de la que mató a Marcela. Tiene dimensiones similares. Fue instalada en 1993. Paseo de las Esculturas, ciudad bonaerense de Bahía Blanca (Labahiaperdida.blogspot.com).

Escultura de Danilo Danziger melliza y homónima de la que mató a Marcela. Es más espigada, mide cuatro metros y medio. Fue instalada en 1995. Parque Sócrates de Esculturas, Nueva York, EEUU (Socratessculpturepark.org).

Eduardo y Nora Iglesias con otras Madres del Dolor: Isabel Yaconis, Silvia Irigaray (a la izquierda), Viviam Perrone y Silvia Fredes (derecha). En el paseo, 2020.

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Si Marcela hubiera podido reparar en el entorno antes de ser fulminada por 270 kilos de hierro, su curiosidad tal vez habría hecho algunos hallazgos asombrosos. Para empezar, el nombre de fantasía del sitio que pisaba parecía dedicado jovialmente a ella misma: Paseo de la Infanta. Además, las baldosas blancas y negras en las que apoyaba la suela de sus zapatillas reproducían exactamente un tablero de ajedrez reglamentario, de ocho casilleros horizontales por ocho verticales. La chiquita conocía cabalmente esas dimensiones gracias a la instrucción paciente de su papá, que la había iniciado en el deporte mental. Por otro lado, el número de menores que participaba de la excursión, incluyendo a la hija de Nora y Eduardo, era de doce. Marcela hubiera quedado atónita o quizás se hubiera largado a reír al comprobar que idéntico era el número de creaciones artísticas de la muestra a la intemperie. Las piezas del juego de mesa son en realidad dieciséis para cada uno de los dos contrincantes previstos, pero la semejanza es de todas maneras superlativa.

En el momento en que se produjo aquel mazazo metálico con un fragor similar al de un trueno y la comedia dio paso a la tragedia, estas virtuales elucubraciones de la niña quedaron drásticamente suspendidas. La alegoría ajedrecística, mientras tanto, quizás dilató su verosimilitud. La víctima, por su reducida estatura, podría representar uno de los adalides más pequeños del juego de mesa, los peones; la inocencia cristalina y la remera alba de la niña determinarían el tono de la estatuilla (jugada 1: peón blanco entra en escena). La silueta ojival de la escultura Elemento podría equipararse con un alfil adversario, en el que predominaría el pigmento opaco y lóbrego del hierro oxidado, metáfora de la clandestinidad y la corrupción (jugada 2: alfil negro mata peón). El influjo de la opinión pública podría situarse en el bando de Marcela, tal vez en un papel dominante (jugada 3: reina blanca mata alfil). El cúmulo de legajos judiciales, quizás polvoriento y archivado en la penumbra de algún recoveco judicial, podría identificarse con la imagen opuesta (jugada 4: reina negra bloquea a su par contraria). La instancia de la justicia interamericana, potencial fuente de transparencia y claridad, podría ser otro paladín asociado a la víctima (jugada 5: rey blanco sale al ruedo). El espectro del poder político y económico oculto en las sombras, a su vez, podría asumir el rol de monarca rival (jugada 6: rey negro contraataca).

Fuentes

El proemio con detalles del legajo judicial se basa en el testimonio de Nora y Eduardo Iglesias. La cita de Martínez Burgos está en la causa, la de Stragá en la prensa (Seghezzo, Mariana… Página 12), y las de Lorenzetti y Righi en sus dictámenes respectivos.

El video que incrimina a las autoridades porteñas ha sido mencionado de forma reiterada en los medios de prensa («Agentes municipales…», La Nación).

La frase de De la Rúa fue recordada por Guerrica Echevarría. Otros pormenores del cultivo del jacarandá fueron completados por los Iglesias.

El permiso trucho de Pasinato fue emitido insólitamente de manera oficial (Resolución 316/1995).

Las palabras de Alicia Irene Rebollar están en el capítulo 1 de su libro (p. 45).

La reconstrucción ordenada por el juez Schlegel fue narrada por los padres de Marcela y además está en los diarios (Carbajal, Mariana…, Página 12).

Los dichos de Schlegel y la secretaria de Nocetti de Angeleri más las circunstancias del pedido de juicio breve fueron relatados por los Iglesias. Las declaraciones al respecto hechas por Noli y Martínez Burgos fueron extraídos de la prensa (Piotto, Alba…, Clarín).

Las palabras del sacerdote que aconsejó al matrimonio regalar los juguetes de la niña son igualmente una remembranza de los padres de Marcela.

La protesta posterior al triple crimen de Floresta fue redondeada con Silvia Irigaray, Elvira Torres y Marta Canillas; además, el hecho fue cubierto en los diarios (por ejemplo: Carabajal, Gustavo…, La Nación).

Para narrar el reclamo del cumpleaños número 15 de Marcela se sumaron los recuerdos de Viviam Perrone, Elsa Gómez e Isabel Yaconis.

La mención del Paseo Marcela Brenda Iglesias, por una parte, y de la Plaza del Holocausto-Shoá, por otra, exigió consultar las leyes respectivas. Ambos proyectos fueron promovidos por Osvaldo Guerrica Echevarría en su rol de presidente de la Asociación Civil Amigos del Lago de Palermo. El primero fue propuesto por el legislador Rubén Devoto. El segundo fue gestado por Sonia Berjman, que le pidió asesoramiento a Guerrica: este fue quien recomendó el terreno aledaño al bajo viaducto, que estaba providencialmente virgen.

En la prensa están asimismo las declaraciones de Hulton (Pittaro, Fernando…, Tiempo Argentino), Berjman (Berjman, Sonia…, La Nación) y Lanús (Giambartolomei, Mauricio…, La Nación, y «Ex Paseo…», Clarín).

La justicia intervino sin éxito en el escándalo del Polo Gastronómico Arcos de Buenos Aires. Un ejemplo es el escrito enviado en 2011 por la fiscal Claudia Katok, que fue ignorado por las autoridades («McDonald’s en…», Amigos-del-lago.blogspot.com.ar): «Líbrese cédula de urgente diligenciamiento al ministro de Ambiente y Espacio Público del Gobierno de la Ciudad, contador Diego Santilli, a efectos de que informe a esta oficina si las obras en ejecución, las actividades comerciales a las que están destinadas y la explotación publicitaria referidas (…) se encuentran debidamente autorizadas y, en su caso, si tales permisos respetan las normas vigentes».

Además, los Iglesias y los Amigos del Lago de Palermo presentaron en 2012 un amparo (Pittaro, Fernando…, Tiempo Argentino) para reclamar «que se ordene el apuntalamiento de las estructuras y demás medidas de seguridad, ya que el viaducto se encuentra en pleno uso; la remoción de todo obstáculo o construcción existente dentro del paseo o que impida el acceso; y la apertura plena con acceso irrestricto y libre circulación»; con el objetivo de «que sea un lugar de esparcimiento, y no que se destine para negocios privados». Asimismo, denunciaron en esa presentación judicial que «tanto la excavación como el debilitamiento del terraplén cortándolo para construir pequeños locales constituyen actos de extrema peligrosidad para esas antiguas estructuras de las que se desconoce su resistencia».

La alusión acerca de Danilo Danziger según la cual el artista, afectado por la tragedia de Marcela, habría dejado de hacer presentaciones individuales está en una repercusión periodística (Herrera, María…, Página 12).

La mención de las esculturas mellizas se funda en la prensa («A 20…», La Nueva Provincia) y la web del parque neoyorquino (Socratessculpturepark.org), que otorga 15 pies de alto a la creación de Danziger correspondiente.

Bibliografía

Libros

De Vecchi, Cecilia. En tu nombre. Dunken, Buenos Aires, 2015.

Guerrica Echevarria, Osvaldo. Palermo, amigos del lago y después. En defensa de tierras públicas. Edición de autor, Buenos Aires, 2006.

Rebollar, Alicia Irene. Mucho más que dolor y lazos de sangre. El activismo de las víctimas en la Asociación Madres del Dolor. Dunken, Buenos Aires, 2019.

Academia

Santamaría, Rosana ¡Justicia a la Justicia! Estudio etnográfico sobre los reclamos de justicia de la Asociación Civil Madres del Dolor. Tesis de Maestría en Antropología Social. Universidad Nacional de San Martín, Argentina, 2014.

Trincheri, Marcela Inés. Las concepciones de derechos humanos que subyacen en las praxis de las organizaciones de familiares de víctimas de la violencia institucional surgidas en democracia. Tesis de Maestría en Derechos Humanos. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Universidad Nacional de La Plata, Argentina, 2013.

Documentos

Danziger, Danilo, y otros. Causa 3556/1996. Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal Correccional. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1996.

Iglesias, Eduardo y Nora, c/ Lowenstein, Diana, y otros. Corte Suprema de Justicia. República Argentina. Sentencia del 11/12/2007.

——————. Procuración General de la Nación. Expdte T 404/2006. REX. 8/11/2006.

Ley 2.268/2006. Plaza de Homenaje a las Víctimas del Holocausto-Shoá. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Boletín Oficial 2612, 25/1/2007.

Ley 2.366/2007. Paseo Marcela Brenda Iglesias. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Boletín Oficial 2743, 9/8/2007.

Marcela Brenda Iglesias. Caso 13.506/2018. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Washington DC, EEUU. Expediente p-1111/2008. Admisibilidad 173/2017.

Resolución 316/1995. Secretaría de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente. Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1995.

Prensa

«A 20 años de colocadas, el Municipio verificará las esculturas del Paseo». La Nueva Provincia, Bahía Blanca, 15/9/2014.

«Agentes municipales emplazaron la estatua que mató a una niña». La Nación, Buenos Aires, 5/3/1996.

Berjman, Sonia. «Demorada Plaza de la Shoá». La Nación, Buenos Aires, 24/4/2012.

Carabajal, Gustavo. «Seis mil vecinos marcharon por los tres chicos asesinados». La Nación, Buenos Aires, 6/1/2002.

Carbajal, Mariana. «En el Paseo de la Infanta se revivió la pesadilla de Marcela». Página 12, Buenos Aires, 16/3/1996.

«El tiempo». La Nación/Economía y Negocios, Buenos Aires, 5/2/1996.

«Ex Paseo de la Infanta: licitan la explotación de 15 locales del polo gastronómico». Clarín, Buenos Aires, 10/10/2019.

Giambartolomei, Mauricio. «Revisarán la concesión del ex Paseo de la Infanta en Palermo». La Nación, Buenos Aires, 30/5/2016.

Herrera, María José. «El difícil camino de un artista». Página 12, Buenos Aires, 9/7/2013.

«McDonald’s en el Paseo Marcela Iglesias – Interviene Fiscal de Instrucción (Penal)». Amigos-del-lago.blogspot.com.ar, Buenos Aires, 29/12/2011.

Piotto, Alba. «Juicio oral por la muerte de una nena en el Paseo de la Infanta». Clarín, Buenos Aires, 25/7/2000.

Pittaro, Fernando. «Bosques de Palermo: es ilegal pero construyen un polo gastronómico». Tiempo Argentino, Buenos Aires, 26/8/2012.

Seghezzo, Mariana. «Buscando justicia para Marcela». Página 12, Buenos Aires, 6/2/2009.

Internet

Facebook.com/Madresdeldolor

Madresdeldolor.org.ar

Marcelaiglesias.com

Socratessculpturepark.org

Twitter.com/Madresdeldolor

Poema

«¿Qué hará María? En la tierra / ya no se arraiga su vida. / ¿Dónde irá? Su pecho encierra / tan honda y vivaz herida, / tanta congoja y pasión, / que para ella es infecundo / todo consuelo del mundo, / burla horrible su contento, / su compasión un tormento, / su sonrisa una irrisión».

Estos versos del poema La cautiva, de Esteban Echeverría, rinden homenaje a todas las mujeres que padecen la violencia ejercida sobre ellas y los suyos. Las heroínas de la presente crónica fueron ciudadanas, trabajadoras y amas de casa anónimas, hasta que la tragedia les asignó un bautismo inesperado: Madres del Dolor.

Citas y signos

La forma de reproducir los dichos de otros suele cambiar con los autores, los géneros y las tradiciones. Por eso, quizás sea útil explicitar el criterio aplicado en esta narración, que involucra dos signos ortográficos:

  1. El guion de diálogo o raya (—): Acompaña las declaraciones recogidas personalmente; esto quiere decir, producto del contacto del autor (también podría ser un colaborador suyo) con alguien; sea cara a cara o mediante algún sistema de comunicación, como por ejemplo el teléfono o internet. Estas citas son directas cuando refieren palabras del propio entrevistado e indirectas cuando reproducen los dichos de alguien contados por un tercero. Una función alternativa de la raya en la presente crónica es encerrar conceptos u oraciones aclaratorios.
  2. La comilla («): Se ha aplicado en las alocuciones extraídas de distintos registros materiales. La bibliografía anexa propone estas categorías: libros, academia, documentos, prensa, internet y audiovisual. Es el único cometido de la comilla en la historia.
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